Opinión

Por los humanos derechos

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

A estas alturas, nada queda por perder. Cuando todo está perdido todo lo que se haga por ganar, está justificado. Los resultados determinarán su acierto o su fracaso. Pero, quien no arriesga no sabe cuál va a ser el final. Los ecuatorianos, con seguridad, apoyan la resolución del riesgo.

Que los derechos humanos se volverán la oposición más bestial (nunca han sido razonables, nunca entendieron su motivo de nacer), dese por descontado. Que la rabiosa oposición política, vinculada a las organizaciones del mal, será más radical, no sorprenderá. Qué otra cosa puede esperarse. Que Iza por enésima vez intentará incendiar la república, al fin y al cabo, todos conocen que con eso sueña y sus estallidos no desaparecerán.

Que ya “el país se le fue de las manos” no debe ser, ni de lejos, la trágica aceptación ni tampoco la dolorosa conformación de que, por lo menos, queda el consuelo de que, mejor, ya no hay nada que hacer. Esos pensamientos sólo pertenecen al sempiterno perdedor, en aquellos que, de antemano, han concluido que jamás han existido buenos motivos para vivir; en los que, también, habiendo sido –o por lo menos sentido- seres inteligentes y productivos, decidieron volverse estúpidos y enloquecidos por el suicidio. A éstos, nadie los llorará, nadie los extrañará y cuando sus nombres se recuerden sólo el repudio y el desprecio los mencionará.

Siempre-siempre puede y debe hacerse algo más. Quizás, por ejemplo, en lo que más duele y afecta a los ecuatorianos, ser durísimo con la delincuencia, eliminarla sin importar los medios que se usen para conseguirlo, y que un ejército de abogados (buenos ciudadanos, identificados con el honor nacional) defienda esa actuación, podría recibir el aplauso general. Es el momento de ignorar a la oposición, al incendiario, a los sesgados e inconsecuentes derechos humanos, para hacer lo que realmente quieren los ecuatorianos: protección a los humanos derechos y vivir con más seguridad.

¿Qué trascendencia puede tener el juicio político frente a la matanza diaria? ¿Qué importa más, la salvación política de uno o la vida de los ecuatorianos? ¡Por Dios, más sensatez!