Opinión

Por las calles del recuerdo Mario Jaramillo Jarrin

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

A la hora de escribir la historia, anotarlo

Los hípicos jóvenes, que tienen la inmensa fortuna de disfrutar por televisión, en diferido, las maravillosas exhibiciones de los más afamados jinetes del mundo, son reacios a creernos cuando hablamos de látigos de excepcional calidad, nacionales y extranjeros, que lucieron sus bondades en nuestros hipódromos.

Algunos de ellos fueron figura en centros hípicos de mayor importancia y categoría que el viejo “Jockey Club”, “La Carolina”, “El Santa Cecilia”, el “Costa Azul, y el “Miguel Salem Dibo”, de los extranjeros de antaño anotamos a Emilio Asenjo, Gerónimo Baeza, Daniel Solís, Sebastián Galaz, Viterbo Carrasco, Enrique Canales y Tiburcio Tapia, figuras en Chile, Perú, Colombia y Panamá, en tanto que del grupo de la segunda mitad del siglo pasado, relievamos a Oscar y Luis Bravo, Víctor Barra, Gabriel Saavedra, Adolfo Sánchez, dueño de un espléndido palmarés en la hípica Argentina, Carlos González, un verdadero trotamundos, Santiago Benito Soto, Samuel Meneses y Francisco Vilches, todos triunfadores en diversas hípicas, que dieron dura lucha a los mejores látigos ecuatorianos que en su época de oro presentaron a la hípica de América los nombres de Francisco Alencastro, Jorge Calderón, Luis Romero, Walter Carrión, así, en mayúsculas , Abel Vaca, Segundo, Eduardo y Félix Luque, Leonardo Mantilla, Jesús y Enrique Yánez, Iván Albuja, Jaime Arellano, Washington Rodríguez y Cesar Escobar.

Con varios de éstos últimos se midió de igual a igual nuestro personaje de hoy. Mario Jaramillo, el rubio muchacho que dejó su Quito natal para probar suerte en nuestra hípica a fines de los años cincuenta, cuando verdaderos “monstruos” de la fusta dominaban el escenario turfistico de los hipódromos guayasenses.

Lo recordamos de aprendiz ganando con Madrileño, Granizo, Asdrúbal, Florón, Portalanza, Enchantee, Bulbosa, Princess Ana, Soltera, haciendo doblona con varios de ellos, hasta lograr el tan ansiado “doctorado”.

Su primera victoria clásica tuvo lugar el 13 de Noviembre de 1960 con la argentina Echantee, comensal del “Tremebunda” que entrenaba don Jorge Calderón, el preparador que más lo ayudo en sus inicios, ganó el “Diario La Prensa” en 1.600 metros sobre Pascana, Vasco Sierra, Sabrina y Fouché, el record de temporada a un 1/5 de segundo del record nacional del argentino Fardi que sigue siendo 1 minuto 36 segundos 1/5.

Lo de Mario no era el lucimiento personal, la astucia, valentía y rigor fueron sus mejores armas, con caballos indóciles o mal partidores logró muchas victorias y a la mente nos viene de inmediato una carrera “imposible” sobre los lomos del alazán Benvenutto, un hijo de Corsicán que corría para el “Copihue” con el que apenas cobraron tres boletos a ganador, quedando sin poder efectivarse otros tantos de don Nino Cassanello Zerega que por conversar con unos amigos cedió el paso en ventanillas y cuando llegó su turno por los parlantes internos se indicó que la carrera había sido anulada por disturbios en las tribunas de apostadores que no aceptaban el “garrotazo” del conducido por Jaramillo.

Su gran rendimiento arriba de un puro de carreras lo llevó a merecer la preferencia de muchos propietarios y preparadores al momento de la firma de montas y su gran oportunidad llegó cuando fue llamado a conducir al zaino MAR NEGRO, el más grande ídolo en la historia del “Santa Cecilia”.

Con el comensal de stud “El Márquez” lo logró todo, su nombre trascendió el ámbito hípico y la gente llegó a conocerlo y recordarlo por siempre como El jinete de Mar Negro.
Fue el jinete engreído de la afición, cuando salía a la cancha sobre el pequeño zaino su nombre era coreado por la afición que copaba las dependencias del “Santa Cecilia” y a su regreso era recibido como todo un grande, pero, ironías del destino, una sanción para muchos injusta, la critiqué en mi página de “La Razón”, lo privó de conducir al ídolo en su mejor carrera, los tres mil metros del “Independencia de Guayaquil” disputado el 9 de Octubre de 1967. Fue reemplazado por César Escobar que lo llevo a ganar “por todo el derecho” en una sensacional actuación pero, igual, en la próxima carrera Jaramillo volvió a la silla del hijo de Chateau Iquem y Marless.

Decimos que su estilo no era de los mejores, diría que podía llegar a tildarse de “deslucido”, pero se afirmaba de tal manera con las rodillas que al “remar” empujaba con tanta fuerza que lograba obtener de su monta al máximo rendimiento.

Lo suyo era ganar, y , más de una vez le trajo algún problema, propietarios o amigos a los que no había recomendado jugar, seguramente por no haber sentido bien a su conducido entre semana, pero a la hora de la carrera lo todo y su único deseo era ganar, así se dio un clásico que nadie, incluyendo el, creía poder ganar, el caballo se llamaba Petizo y el inmenso favorito era El Tacaleño, con cerca del noventa por ciento de porcentaje, un compadre muy querido por él y al que debía muchos favores cerraba el “5,6 y 7” con el favorito, se le “recordó” al salir a montar pero a la hora de la verdad “la memoria le falló” y Mario se ganó la mejor carrera de su vida, por media cabeza, tras luchar “tete a tete” desde los setecientos hasta la propia meta.
La carrera de Mario fue relativamente corta, cansado de los drásticos castigos que en la época imponían los Comisarios, y hastiados del sacrificio de perder kilos en el baño turco y en los “cajones” de la época, al ser tentado por unos importantes empresarios para que trabajara con ellos administrando un rentable negocio, se retiró de la actividad hípica cuando aún tenía muchísimo por entregar.

Años después, una cruel enfermedad puso fin a su existencia, los que los conocimos disfrutamos de su amistad lo recordaremos siempre con mucho cariño por su educación, su trato cordial y respetuoso, su sonrisa sincera y el apego al trabajo que lo llevo a ser un Ganador.

Esta es una corta semblanza de Mario Jaramillo. El jinete de Mar Negro.

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