Opinión

Ponerle el VAR a la estupidez

El exitismo extremo y el temor a una gastada histórica aumentan la tensión del Superclásico.

El Superclásico como final de la Copa Libertadores es un evento de tal magnitud y repercusión emocional que no debe desbordar los límites deportivos. Ya se ha dicho: es un partido histórico de muy difícil repetición. Y Boca y River se juegan, además de la Copa, el riesgo de ser gastados por años si no ganan la serie de partidos.

En un país donde la pasión del fútbol es incomparable, este enfrentamiento supera por su impacto cualquier otra definición en la que intervinieron ambos equipos. Ocurre en un contexto en el que el fútbol argentino anda a los tumbos

. La medida de esa crisis de dirigentes la dieron Rosario Central y Newell’s, que este jueves resolvieron un partido eliminatorio por la Copa Argentina en un estadio vacío por la ineptitud de sus conducciones en ponerse de acuerdo en un escenario acorde a la importancia de ese clásico, que divide profundamente a la sociedad rosarina. Las fotos con los hinchas subidos a los techos de casas vecinas al estadio para intentar seguir el partido son una prueba no sólo del fanatismo sino sobre todo del estado organizativo del fútbol.

Detalles importantes y preguntas inútiles del choque soñado

El presidente Mauricio Macri es, ya se sabe, un fanático de Boca. Ya había adelantado antes de que se definieran las semifinales que prefería que la Libertadores se dirimiera entre un equipo argentino y un brasileño porque de lo contrario los hinchas iban a estar “tres semanas sin dormir”. Y él también, porque se definió primero como un hincha que ahora también es Presidente.

Y fue al centro de la cuestión: “Lamentablemente, uno va a ganar y otro va a perder. Y para el que pierda, claramente va a ser durísimo porque estamos en una final que no sé si alguna vez se va a repetir”.

Es decir, la derrota le asegura a los seguidores del vencido una cargada permanente como la que le dedican los de Boca a River por haber descendido. Temen, con razón, que la situación pueda ser inversa y cargar con esa vergüenza por mucho tiempo.

La regla que cambia en la superfinal y puede incidir en los planteos de los técnicos
Desde la finalización del partido en San Pablo comenzaron a crecer las conjeturas y las especulaciones.

La AFA está presidida por Tapia en estrecha alianza con Daniel Angelici, amigo y operador de Macri. El presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, quedó fuera del reparto de poder en la Asociación del Fútbol Argentino. Sin embargo, estas finales son organizadas por la Conmebol, cuyo titular ha tejido una buena relación con Tapia pero, aseguran, no tan buena con Angelici.

Por otra parte, Boca debe ir a elecciones el año próximo. Dicen que en esta materia Macri y Angelici todavía no se han puesto de acuerdo en quién sería el mejor candidato. El Presidente alentaría al actual vicejefe de Gabinete, Andrés Ibarra. Angelici no acompaña.

Mauricio Macri y la Superfinal entre Boca y River: “Será histórico, pero hay que vivirlo en paz y armonía”
El triunfo o la derrota en la Libertadores, en medio de este exitismo desmesurado que impregna al fútbol argentino, tendría impacto en el futuro de los clubes que lo disputan y en el clima que se crea por el fracaso deportivo. Hay quienes ya ponen reparos sobre si estará en juego un partido de fútbol o será una disputa de poder con repercusiones políticas.

El antecedente inmediato de un superclásico en la Copa fue el lamentable incidente del gas pimienta, que fue un papelón mundial.

Macri llamó este jueves a vivir una fiesta “del deporte y del fútbol” y a disfrutarla “con respeto, armonía y paz”. No tropezar con la misma piedra, algo que los argentinos hacen con mucha frecuencia, sería un buen intento.

¿Y si le ponemos VAR a la estupidez?

Por: Ricardo Kirschbaum