Opinión

Piedra y camino

Jorge Alania Vera

Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

 

El apego nos hiere. Pero qué somos sin él. Quisiéramos como los monjes budistas o los yoguis, estar en la ruta de la iluminación buscando un árbol que se parezca a aquel en que el Bendito encontró la luz que no se apaga, pero nos abrazamos a las sombras, nos encantan los laberintos y los túneles, podemos dar cualquier cosa por seguir teniendo el amor a nuestra vera, por que haya un palmo de tierra verde en donde recordar con flores a los nuestros.

La palabra adiós evoca muchos lugares, casi todos. Sin embargo, hay dos precisos, casi emblemáticos: los aeropuertos y los hospitales. Por eso, alguien ha dicho que los primeros ven besos más sinceros que las bodas y los muros de los segundos escuchan plegarias más reales que los templos. La despedida está grabada en todo lo que tenemos. Los niños juegan: el que se va a Barranco, perdió su banco, el que se va a Barranquilla, perdió su silla…Todo es pérdida o lo parece, a tal punto que como escribe Borges: Sólo es nuestro lo que perdimos.

Se van. Nos vamos. Casi todo es lejanía, ausencia, nostalgia. En el pedregal o en la loseta reluciente se van borrando los pasos. Nada nos salva, ni siquiera el amor. Por eso Yupanqui rasga su guitarra y musita:” Me acusas de no quererte, no digas eso/Tal vez no comprendas nunca por qué me alejo/ Es mi destino, piedra y camino/ De un sueño lejano y bello soy peregrino.”

Piedra y camino: la querencia que amamos y al frente el sendero sin fin. No es más que un hasta luego. No es más que hasta siempre.