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Pese a los cambios, pesadillas asustan a niños que sufrieron abusos sexuales

GUAYAQUIL. “Mami, mami, me siguen”, grita en las noches Joel (nombre protegido), de 8 años, quien despierta sobresaltado, sudoroso y temblando. Son las pesadillas que le interrumpen el sueño y que lo obligan a dormir con la luz encendida, junto a sus abuelos de 66 y 63 años, quienes lo cuidan. Su madre, quien migró a España hace unos 15 años, está próxima a llegar para conocer de cerca lo ocurrido.

Pablo (nombre protegido), de 7 años, en cambio, no quiere ir solo al baño, ni al de su casa. Pide que lo acompañen porque tiene miedo y aún piensa que sus exprofesores podrían aparecer y repetir los abusos sexuales, intimidaciones y maltratos de los que fue víctima junto con otros compañeros de tercero de educación básica de la Unidad Réplica Aguirre Abad, norte de Guayaquil.

Ha pasado un mes desde que salieron a la luz los delitos sexuales que se habrían cometido en los baños de este plantel fiscal, donde al menos cuatro docentes abusaban de niños de entre 6 y 8 años, según los relatos de las víctimas. A raíz de esto se conocieron otros casos en el sistema educativo nacional, en el que se contabilizan 948 denuncias por delitos sexuales del 2008 al 2016.

Y aunque las víctimas del réplica están recibiendo tratamiento psicológico, el terror y los cambios de comportamiento siguen presentes, más cuando saben que uno de los cuatro implicados continúa prófugo. (HUANCAVILCA/LA NACIÓN)