Opinión

Peligros que no lo parecen

Juan Carlos Botero

Diario El Espectador de Colombia

El problema es que hoy muchos peligros no parecen peligrosos. Si se nos acerca un hombre armado con pinta de maloso, un instinto milenario se activa en la mente y nos incita a huir o a combatir.

El peligro es evidente y la situación, claramente, una amenaza. Eso no pasa siempre en el mundo moderno, y en donde más se manifiesta esta dificultad es en los medios sociales y los teléfonos móviles.

El tema de fondo es que hoy un celular no es sólo un teléfono: es el mundo. Los jóvenes disponen de un aparato que les cabe en un bolsillo y les permite acceder al planeta entero: a todos sus contactos, a toda su música, a las aplicaciones que gozan y a los juegos que distraen, pero a la vez a la totalidad del riquísimo y complejo universo actual de información, que incluye no sólo programas que divierten sino una autopista de datos, públicos y privados, y de fácil acceso para matones, depredadores y hasta amigos de apariencia inocua que los pueden llevar a cometer graves errores.

Los sardinos, debido a su inmadurez y juventud, suelen carecer del criterio y de la experiencia necesaria para capotear las tentaciones que ofrece el mundo. Y más si ese mundo tan fascinante y cautivante está a su alcance con un mínimo de esfuerzo. Medios como Twitter, Snapchat, Facebook, Instagram y otros los llevan a actuar en público, un espacio en donde cualquier error es serio y lamentable, y a menudo irreparable. Cada texto, foto, opinión y comentario, como alguien dijo una vez, es un tatuaje virtual: no desaparece nunca.

De la misma manera que luego manejará un automóvil, los jóvenes usan sus teléfonos inteligentes sin ser del todo conscientes del peligro que tienen entre manos. Son máquinas preciosas, y debido a su belleza y funcionalidad, y a la libertad que ofrecen, es fácil olvidar que éstos son, también, un instrumento de muerte, uno que puede mutilar y causar tragedias atroces.

De otro lado, el ejemplo de las figuras del espectáculo agrava el problema. Cuando una celebridad se fotografía desnuda y divulga la imagen en los medios sociales, las chicas perciben un guiño y un mensaje de aprobación: eso está permitido y no sólo carece de efectos negativos, sino que la persona que lo hace es admirada y aplaudida. Esas famosas pueden hacer con su cuerpo lo que quieran, por supuesto, pero cuando una menor las trata de emular, las secuelas en su imagen y psicología pueden ser devastadoras. Igual pasa con los chicos: cuando ven que sus héroes del deporte maltratan a las mujeres sin mayores consecuencias, o cuando escuchan canciones que insisten en menospreciar el género femenino, no es raro que de alguna forma piensen que esa conducta es admisible y, por ende, repetible.

¿Cuál es el resultado de todo esto? La tentación de navegar en un mundo lleno de peligros pero sin el criterio o la madurez para hacerlo, y ni siquiera con la visión para advertir los escollos. La organización mundial Inhope que, con la ayuda de la Unión Europea, se dedica a buscar crímenes de pornografía infantil, bloqueó 90 mil páginas ilegales en sólo el 2014. Y en Colombia la Policía Nacional, en lo que va del 2016, ha bloqueado 553 sitios de pornografía infantil. Los jóvenes llevan su móvil en el bolsillo. Pero más bien es una puerta de acceso a todo lo bueno que ofrece el mundo. Y a todo lo malo.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.