Opinión

Pedro Sánchez, su obsesión por gobernar España en solitario

Fuente:  Prensa Latina.

Madrid, Si los cálculos de sus asesores fracasan, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, podría verse en la misma tesitura que seis meses atrás: sin una mayoría clara para gobernar en solitario.

El candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales del próximo 10 de diciembre perdió la ocasión de renovar mandato tras los comicios del pasado 28 abril, cuando rechazó compartir el poder con la izquierdista Unidas Podemos (UP).

Precisamente, su renuencia a incorporar a miembros de UP en un eventual Consejo de Ministros fue lo que precipitó a este país europeo a una nueva cita con las urnas, las cuartas en cuatro años.

Diestro en sortear las encrucijadas, el actual jefe del Ejecutivo en funciones parte como favorito para colocar a su partido como el más votado el día 10, aunque -como ya sucedió en abril- sin los escaños parlamentarios requeridos para formar una administración monocolor.

Salvo el estatal Centro de Investigaciones Sociológicas, que le concede entre 133 y 150 asientos en el Congreso de los Diputados, de un total de 350, el resto de las encuestas otorgan al PSOE, en el mejor de los casos, 123 representantes, los mismos cosechados en abril.

De esa manera, la centenaria organización socialdemócrata volvería a quedarse lejos de las 176 bancas establecidas como mayoría absoluta en la Cámara Baja, por lo que tendría nuevamente que buscar apoyos externos para mantenerse en el gubernamental Palacio de la Moncloa.

En su condición de jefe del Gobierno, Sánchez se vio ya forzado en febrero último a convocar a los comicios del 28 de abril, después de que su proyecto de presupuestos naufragó en el Congreso.

Sus cuentas fueron rechazadas entonces por los partidos separatistas catalanes, los mismos que junto a otras agrupaciones de izquierda y a los nacionalistas vascos respaldaron el 1 de junio de 2018 la exitosa moción de censura parlamentaria que lo llevó al poder.

El secretario general de los socialistas asumió así las riendas de la Moncloa tras desbancar a Mariano Rajoy, acosado por los múltiples escándalos de corrupción en el seno de su conservador Partido Popular (PP).

Propulsado en 2014 a la cabeza del PSOE, Sánchez concurrió por primera vez a unas elecciones generales en diciembre de 2015.

En esa contienda, los socialdemócratas obtuvieron el menor número de escaños de su historia, pero se mantuvieron segundos detrás del PP, que también sufrió un duro varapalo.

Su intento de convertirse en presidente del Gobierno en marzo de 2016 -con el apoyo del izquierdista Podemos y el liberal Ciudadanos (Cs)- quedó frustrado y España se vio abocada -como ahora- a una repetición de elecciones, que se celebraron en junio de ese mismo año.

De esos segundos comicios legislativos, los socialistas salieron todavía más debilitados, aunque consiguieron preservar su condición de segunda fuerza en un fragmentado Congreso de los Diputados.

A raíz de esa debacle electoral, Sánchez fue defenestrado por una rebelión interna dentro de su formación, que lo responsabilizó de los malos resultados en las urnas.

Cuando muchos lo daban políticamente muerto, volvió por la puerta grande en mayo de 2017, cuando la militancia lo devolvió a la secretaría general del partido que más tiempo gobernó en esta nación europea desde el retorno de la democracia.

Casado y con dos hijas, Pedro Sánchez Pérez-Castejón nació el 29 de febrero de 1972 en el popular barrio madrileño de Tetuán.

Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y doctor en Economía, luego de trabajar en organismos internacionales como Naciones Unidas o el Parlamento Europeo, en 2009 se convirtió en diputado por Madrid.

Gran deportista y aficionado al baloncesto, se afilió al Partido Socialista a los 21 años.

Pese a su meteórica carrera para ponerse al frente del PSOE, su liderazgo siempre estuvo cuestionado a nivel interno, sobre todo por correligionarios como Susana Díaz, expresidenta de la estratégica comunidad autónoma de Andalucía y su otrora máxima adversaria.

Dieciséis meses después de alcanzar la presidencia, el político de 47 años tendrá ante sí el reto de poder formar gobierno tras los comicios del 10 de noviembre y alejar el fantasma de una enésima repetición electoral.

Pese al hartazgo ciudadano, afronta esta breve campaña -comenzó la víspera y cerrará el día 8- convencido de que su partido, según su lectura muy personal de lo acontecido, es el único capaz de ‘derribar el muro de bloqueo’ impuesto por el resto de sus adversarios.

Además, con la aspiración, siempre aleccionado por sus más cercanos consejeros, de obtener, ahora sí, una mayoría amplia que le permita dirigir los destinos de España sin ‘incómodos’ compañeros como Unidas Podemos, que lo forzarían a mirar más a su izquierda.