Opinión

Pastores versus política

Hay cosas que son irreconciliables en la existencia y que no se mezclan, por ejemplo el agua y el aceite o el honrado y el sinvergüenza. Jamás harán alianza alguna porque ya la vida, con sus misteriosas leyes, dictamina que jamás deben mezclarse.

Lo mismo sucede con la política y la religión, cuya finalidad es distinta en cada una de ellas; los bienes del mundo están divorciados de los tesoros del reino espiritual.

Demás está mencionar los múltiples pasajes en donde la Biblia advierte, que los que sirven al mundo, no pueden servir a Dios. En pocas palabras especifica que no se puede servir a dos amos. En síntesis, o está al servicio del mundo y sus veleidades o al servicio de Dios orientando las almas hacia el bien. No hay más y punto.

El evangelio de la prosperidad, una moda perversa entre las iglesias evangélicas, desorienta al feligrés hacia la obtención de solamente bienes materiales, olvidándose de los bienes espirituales. Le hacen creer que debe diezmar a diestra y siniestra para que Dios pueda mover sus engranajes divinos y darle bienestar económico. Que está obligado a dar no solo el diezmo, sino todo aquello que se le ocurra al pastor. Esto ha dado como resultado pastores que se han hecho millonarios a costa de los equivocados sinceros que han extorsionado.

Respecto al diezmo hay que decir que se trata de hacer caridad y darlo a la iglesia, entendiendo que es el hermano necesitado y no el holgazán pastor, “apóstol” o “profeta” como les gusta llamarse actualmente. El diezmo implica hacer caridad conscientemente de mano a mano beneficiando al que tiene necesidad y nunca darlo al pastor.

Quizás la transición no es muy abrupta, de ser extorsionadores del diezmo a ser políticos deshonestos no hay más que un simple pasito. Y la obtención de los bienes del mundo siempre es la prioridad; solo cambia el escenario: en vez de la iglesia ahora es el cargo de elección popular al cual desean postularse.

Llenos de amor por las cosas del mundo (“el amor al dinero es el origen de todos los males”, condena la Biblia) desean los “santos” pastores, “apóstoles” o “profetas”, incursionar en el campo político hondureño. Llegar a los cargos públicos es su nueva ambición; administrar los bienes del Estado para gozar de las mieles del poder, es su nueva epifanía, el disfrute de la Nueva Jerusalén.

“Por sus hechos los conoceréis” nos orienta el libro santo. Y recurriendo a la carta de presentación de estos líderes religiosos que ahora pretenden ser políticos, es obvio que estamos frente a personas altamente deshonestas; sinvergüenzas, traidores a la doctrina espiritual que todos conocemos.

Si han fracasado como líderes religiosos honestos es obvio que también fracasarán como políticos, porque la deshonestidad les brota hasta por los poros. Se sumarán inevitablemente a la ya larga lista de políticos corruptos que tienen este hermoso país en la miseria.

Si en verdad estos falsos líderes religiosos estuvieran interesados en el bienestar de la ciudadanía, desde sus púlpitos enseñaran valores morales y espirituales a sus seguidores, que en Honduras son millones. Así los prepararían para que en su momento participaran en política, caracterizándose por ser políticos honrados que en verdad harían la diferencia en nuestro país.

Honduras necesita políticos con altos valores morales y espirituales. Que trabajen por mejorar la calidad de vida de los más necesitados. Así el país progresará como se debe, en un ambiente de paz y democracia. No hay otro camino.

Pero estos pastores, que ansían ingresar al campo político, son un lamentable y vil ejemplo de valores degradados, y de llegar a cargos de elección popular, harán una mala administración y serán artífices de un alto descontento social. ¡Dios nos libre de ello!

Por Nery Alexis Gaitán/Honduras