Internacional

Papa Francisco llega al ferviente Paraguay en último tramo de gira sudamericana

Francisco reconoció que él mismo cometió errores y pecados que lo obligan a hacer penitencia, y exhortó a los presos a alejarse de la violencia de las pandillas.

ASUNCIÓN. El Papa Francisco llegó a Paraguay, desatando el fervor de miles de fieles en el país con mayor porcentaje de católicos del continente, donde cerrará una gira sudamericana en la que ha abogado por los más marginados y por el medioambiente.

Después de sus visitas a Ecuador y Bolivia, el Sumo Pontífice descendió del avión bajo la lluvia de Asunción para ser recibido por el presidente Horacio Cartes y escuchar a un coro de niños cantar el himno paraguayo en guaraní.

Francisco partió en un “papamóvil” con detalles de ñandutí -un tejido artesanal típico- para recorrer las calles de la capital adornadas con la bandera nacional y de El Vaticano, globos y carteles de bienvenida.

En Paraguay, una nación que ha llegado a tener a un ex obispo como presidente y donde la Iglesia mantiene una fuerte influencia, el Papa planea celebrar dos multitudinarias misas, reunirse con el presidente, con la sociedad civil y minorías, visitar un hospital y hablar con la juventud.

“El pueblo paraguayo es muy católico y espera del Papa un mensaje de fortaleza para poder superar los problemas que tenemos”, dijo Rubén Maneglia, un funcionario bancario de 48 años que guiaba a los voluntarios a formar un cordón en las cercanías del aeropuerto.

En su trayecto hacia la ciudad, Francisco pasó por la prisión de mujeres del Buen Pastor, un ex convento enclavado en acomodado barrio de la capital que alberga a casi 500 internas antes de reunirse con Cartes en el casco histórico de la ciudad.

Muchos fieles confían en que Francisco intercederá por un modelo económico más inclusivo en uno de los países más desiguales de la región y donde poco más de una quinta parte de la población vive en la pobreza.

“Espero que el mensaje de Francisco pueda promover que la gente que está en el Gobierno sea más humana y piense verdaderamente en los pobres, no solamente en los ricos”, dijo Marcia Torres, una catequista de 33 años.

La cita más esperada por los paraguayos es la misa el sábado en el emblemático santuario de Caacupé, a unos 60 kilómetros al sur de Asunción, que cada diciembre reúne a miles de fieles para homenajear a la virgen patrona del país.

El Papa argentino ha mostrado como sacerdote una especial devoción hacia la virgen de Caacupé desde que visitaba los barrios humildes de la periferia de Buenos Aires, donde viven muchos inmigrantes paraguayos.

Antes de despegar hacia Asunción, el Papa lanzó duras críticas contra el estado de las prisiones y la justicia de Bolivia en una visita a la cárcel más peligrosa del país y llevó un mensaje de esperanza a los prisioneros y sus familias.

Continuando con una costumbre que inició cuando fue arzobispo de Buenos Aires, Francisco ingresó a Palmasola, una hacinada ciudadela carcelaria que alberga a unos 4.500 reos, un tercio de la población carcelaria del país, en las afueras de Santa Cruz, la ciudad más grande de Bolivia.

“Son muchos los elementos que juegan en su contra en este lugar, lo sé bien: el hacinamiento, la lentitud de la justicia, la falta de terapias ocupacionales y de políticas de rehabilitación, la violencia”, dijo Francisco, el primer Papa del hemisferio Sur, ante el aplauso de miles que lo recibieron con globos blancos y amarillos, los colores del Vaticano.

“Es necesaria una rápida y eficaz alianza interinstitucional para encontrar respuestas”, agregó en un encuentro privado donde el fuerte viento le arrebató el solideo.

Con la ayuda de un carro de golf, Francisco recorrió la prisión, del tamaño de 34 campos de fútbol, para escuchar los testimonios de hombres y mujeres, la mayoría sin sentencia judicial, y para abrazar y besar a decenas de niños.

El Papa de 78 años llevó un mensaje de esperanza a los miles de reos: “reclusión no es lo mismo que exclusión, que quede claro, porque la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad”, dijo.

Francisco reconoció que él mismo cometió errores y pecados que lo obligan a hacer penitencia, y exhortó a los presos a alejarse de la violencia de las pandillas.

A su paso por Bolivia, Francisco congregó a 500.000 feligreses al pie de una estatua de Cristo en una misa en Santa Cruz. Luego se reunió con religiosos y presidió un encuentro con movimientos sociales donde pidió perdón por los crímenes contra los indígenas cometidos en nombre de la Iglesia. (Reuters/ La Nación)