Opinión

PANELES SOLARES BIOLOGICOS, NATURALEZA Y DESCARBONIZACIÓN

Freddy Amores P
Consultor en investigación agrícola
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La energía que mantiene la vida en nuestro planeta tiene en el sol su fuente inagotable. Una ley aprobada hace poco en Francia promueve la instalación de paneles solares sobre techos de casas, edificios, parqueaderos, canales y demás superficies donde se pueda colocar este tipo de infraestructura para transformar energía solar en electricidad. Con esta transformación el uso de combustibles fósiles para producir electricidad disminuirá. El aporte de CO2 a la atmosfera también se reducirá facilitando el tránsito de la economía del carbono a la economía “verde”. La ley contiene incentivos para avanzar hacia este objetivo.

Luego de la lectura, como profesional en Ciencias Agrícolas, me invadió la siguiente reflexión: trabajar una ley en Ecuador que impulse el incremento de la cobertura vegetal en centros urbanos y campos. Después de todo, las hojas son paneles solares biológicos; en vez de transformar la energía solar en electricidad la convierten en energía química que las plantas almacenan. Con mayor cobertura vegetal el entorno se embellece y la calidad ambiental (más sombra y menos calor) mejora. Además, la cobertura contribuye a la descarbonización atmosférica, mitiga el impacto del cambio climático y promueve la creación de emprendimientos “verdes” (viveros, insumos orgánicos, venta de plantas, servicios de jardinería, etc.). Toda la economía, no solo la Agricultura, depende de este proceso transformador.

El motor de cada pensamiento, idea, acción, proyecto, programa y política para la producción de bienes y servicios funciona porque la radiación solar, particularmente la luz visible, es convertida en energía química almacenada en los alimentos que consumimos; este concepto rara vez es tema de conversación. La escasa comprensión y conciencia de la importancia de esta transformación es la raíz de los problemas ambientales que nos aquejan. El sistema educativo, desde el nivel más básico (empezando temprano en el núcleo familiar ayuda y mucho) hasta el más avanzado, debería usar este concepto como eje transversal en los procesos de enseñanza-aprendizaje para construir conciencia y ciencia sobre nuestra conexión con la naturaleza. Un par de anécdotas sirven para ilustrar detalles al respecto.

1) Al final de los 60’s, al inicio de mi etapa universitaria, una fuerte campaña de la comunidad estudiantil presionaba para “bajarse” la asignatura de Calculo Diferencial del pensum académico; finalmente ocurrió. Al decir de la mayoría (no me incluyo) el curso no tenía utilidad para los agrónomos (más bien creo que se debía al temor de lidiar con números y formulas). Años más tarde tuve la necesidad de calcular pendientes (tasas de cambio) en distintos puntos de una curva de crecimiento de plantas de maíz en respuesta a la presencia y ausencia de fertilización; con auto aprendizaje logré comprender y aplicar el concepto de “derivadas” para resolver el problema planteado. La matemática y la ciencia

trabajaron juntas en este caso para iluminar la comprensión de nuestro vínculo con la naturaleza.

2) Caminar con mis nietos a campo abierto observando plantas, aves, insectos, hormigas, moluscos y otros (en la noche usábamos linternas para alumbrar la trocha que seguían las hormigas “arrieras” hasta los agujeros que usan como casas), una actividad que aun disfruto. Sobre la marcha les armaba historias, a veces con toques de ciencia ficción (si no lo sabes lo imaginas e inventas); así animábamos la explicación del porque tal o cual animal hace esto y aquello.

Actividad divertida y didáctica, cuesta poco, rinde mucho y nutre el interés de los niños por entender cómo funciona la ecología en la naturaleza. Comenzar temprano es clave para el progreso en la comprensión de la conexión entre humanos, animales y entorno natural.

Volviendo al tema de la ley en Francia, uno termina preguntándose si acá en Ecuador pudiéramos beneficiarnos de este tipo de leyes u ordenanzas. Objetivo: incentivar la puesta en marcha de concursos, campañas, proyectos y programas para sembrar plantas, construir jardines urbanos, arborizar calles y avenidas, ejecutar talleres y concursos para elegir el barrio más verde y florido.

Reconocimientos públicos y descuentos en el pago de impuestos y tasas pueden incentivar (el mejor incentivo es ver al barrio bonito) este comportamiento. Los resultados deben medirse para cuantificar los avances en la dirección indicada pues es difícil mejorar lo que no se mide; allí hay otro desafío. Aunque los esfuerzos individuales son importantes y fuente de inspiración que suman y bastante, enmarcados en políticas públicas bien pensadas y aplicadas pueden escalar y hacer una gran diferencia.

En el ámbito rural, el marcado de los linderos de guardarrayas, fincas y áreas de cultivos con árboles adaptados a cada zona, e igual los bordes de ríos, esteros y riachuelos puede ser parte de políticas de Municipios y Prefecturas para promover la economía “verde”. Procurar que todos los terrenos cultivados y con más del 5% de inclinación se beneficien de prácticas de protección de suelos y agua para conservar la calidad de la tierra y disminuir la erosión que alimenta la sedimentación de los ríos, es clave en la gestión ambiental de las prefecturas y rica en oportunidades para el trabajo colaborativo interprovincial.

 La descarbonización del suelo es otro problema que aqueja al agro; este proceso se ralentiza (se pierde menos materia orgánica) protegiendo los suelos contra la erosión.

En los suelos. saludables los cultivos capturan más luz solar, las cosechas aumentan, la tierra incorpora más carbono y la economía se dinamiza. La carbonización del suelo y descarbonización de la atmosfera son procesos por tenerse en cuenta como objetivos nacionales.

Reconocimientos públicos, acceso a créditos baratos y asistencia técnica, obras de infraestructura en zonas que aporten significativamente a estos objetivos, entre otros, pueden ser parte de un portafolio de incentivos para avanzar en la dirección propuesta.