Tecnociencia

¿Pan de molde bajo en grasas? Así nos engañan en el súper los procesados que se hacen pasar por sanos

Este año se cumplen seis décadas desde que abrió en España el primer supermercado privado. Son sesenta años en los que la cultura de los alimentos procesados no ha dejado de ganar terreno. Su éxito es indiscutible, pero ahora comienzan a utilizar reclamos saludables que alcanzan cotas hilarantes y preocupantes, a partes iguales. Uno puede encontrar agua «baja en calorías», batidos de chocolate específicos para mujeres embarazadas -como si beber azúcar fuese justo lo que necesitan-, envases de leche ofrecidos como «fibra natural»… Todo es posible en el mundo de los procesados, pero nada es comida real, la que reivindica el dietista-nutricionista Carlos Ríos, quien nos abre los ojos para que distingamos la diferencia entre llenar los bolsillos de la industria y cuidar nuestra salud.

Según el creador del movimiento Realfooding, que invita a dividir los alimentos entre los de toda la vida y los procesados, «prácticamente el 80% de la oferta del supermercado es de estos últimos, y casi el 70% son ultraprocesados», unos productos que fomentan el desarrollo de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, la obesidad y la diabetes tipo 2. Por eso el experto onubense nos advierte en su nuevo libro, Come Comida Real (Paidós, 2019), de que debemos vencer la tentación de sucumbir a la comida procesada y esforzarnos por comer lo mismo que nuestros abuelos, o, al menos, algo similar. Pero no es fácil ignorar los anzuelos que nos ponen los procesados, disfrazándose de comida sana, por eso en BUENAVIDA hemos pedido a Ríos que comparta su arte en desentrañar los secretos que ocultan las etiquetas nutricionales y nos ayude a no caer en las trampas más sutiles.

¿Multifrutas o agua con sabor ‘baja en calorías’?

Cuando hagas la compra, en algún rincón del lineal, junto al agua mineral, te espera una botella que parece agua y que lleva el curioso reclamo de «bajo en calorías». Es como para pararse a indagar. Si lo haces, al ver el logotipo de la conocida marca que produce la bebida, primero pensarás que la botella está llena del incoloro, inodoro e insípido líquido, pero luego repararás en la etiqueta y verás que estás frente a un «multifrutas». Después, si sigues el consejo de Ríos, te darás cuenta de que no es ni agua ni multifrutas, pero que es más lo primero que lo segundo. Solo el 16% del contenido es zumo de naranja, un volumen que se suma al 3% de zanahoria y al 1% de limón, a partir de concentrados. Poca fruta, mucha agua (alrededor del 80%)… y jarabe de fructosa. «Azúcar añadido, es una bebida azucarada», señala el dietista-nutricionista, el líder de la tendencia en alimentación que reivindica la comida de nuestras abuelas. «Sería un ultraprocesado que te están vendiendo como saludable», opina.

Es cierto que la composición de esta bebida refrescante no excede los 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto, la barrera que Ríos pone para rechazar directamente un alimento, pero ¿qué necesidad hay de endulzar el agua? Para el dietista-nutricionista, la alternativa sería el agua de grifo o mineral, o el zumo natural, que tampoco es tan bueno como nos han hecho creer. «Lo mejor es la fruta entera porque te va a saciar más», asegura Ríos. Pero lo más importante es que el dulzor de este multifrutas modificará tus preferencias en favor de los productos dulces, una trampa de la industria que se expande por numerosos productos, entre los que destacan las salsas.

Salsa barbacoa «cero», sin azúcares y sin la más mínima inocencia

Una salsa barbacoa sin azucares añadidos es posible, pero ¿la inversión para comercializarla sería rentable? Probablemente no. Como bien dice el envase de una conocida marca, la salsa «sin azúcares añadidos» mantiene el 100% del sabor, y eso solo es posible gracias a los edulcorantes con los que los fabricantes han sustituido al azúcar, que tampoco es que adelgacen. El problema de este producto es que, «si es para echárselo a cualquier comida, con la intención de darle ese sabor dulce, estás alterando tu paladar»,explica Ríos.»En lugar de tomarte una ensalada con aceite de oliva y tomate, que te sepa bien, vas a necesitar siempre salsa, nos hacen dependientes de ese sabor intenso que, en este caso, se consigue con los edulcorantes», afirma. O sea, que la salsa sin azúcar abre la puerta a una interminable miríada de alimentos procesados que destacan por su contenido en azúcares añadidos.

Además, el edulcorante empleado en este producto es la sucralosa, «que se ha visto que puede alterar la microbiota, la bacterias que están en el colon y que son beneficiosas», indica el experto. Mejor optar por una salsa de tomate con aceite de oliva virgen extra y echar unas pocas cucharadas en cada plato (siempre que no te animes tú mismo a triturar el tomate y darle tu toque personal, lo que es sinónimo de no perder las buenas costumbres).

Batidos de chocolate con ácido fólico, para embarazadas despistadas

Una famosa marca española comercializa, en su preceptivo envase color rosa, lo que parece un batido de chocolate con ácido fólico, yodo, omega 3 DHA, fibra y vitaminas, solución, esta última, a los peores de los males. El producto está bautizado con un nombre que, junto a la silueta de una mujer embarazada, no deja ninguna duda de que está dirigido a las madres gestantes. El envase también deja claro que está bendecido por la Sociedad española de Ginecología y Obstetricia, un marchamo que no pasa desapercibido a las mujeres que dudan de la utilidad del producto. No te fíes demasiado. «No sé si es la forma más deliciosa de tomar cada día ácido fólico -dice Ríos, en referencia al mensaje de la etiqueta del producto-, pero yo prefiero la comida real, disfruto con la comida real, y se puede hacer comida real sin tener que añadir azúcar».

ep