Opinión

Oración antigua portuguesa

Colaboración de Francisco Febres Cordero Rosales/Guayaquil.

 

Cuando le pidas algo a diciembre, pídele que te traiga regalos que no se vendan en las tiendas: un “me gustas mucho”, un “gracias por existir”, un “estoy aquí para ti, siempre”.

Cuando le pidas algo a diciembre, pídele que te traiga abrazos apretados, carcajadas fuertes, regazo de quienes más quieres, manos cogidas todo el año, hombros que te sostengan en corazones donde vivir sin fecha de caducidad.

Cuando le pidas algo a diciembre, pídele que te traiga ojos que brillen por ti y para ti, palabras que te protejan y cuiden como el sol en los días fríos, las naderías que valen todo en la vida, lo esencial que ocupa, sin pesar, el lado izquierdo del pecho y la levadura de la alegría que hace que la vida valga la pena.

Cuando le pidas algo a diciembre, pídele que te enseñe a vivir con el corazón abierto y creer -así como así- que hay una luz al final del túnel para cada oscuridad que tengas que enfrentar.