Opinión

Oppenheimer: El riesgo de la victoria de Bukele

La aplastante victoria electoral del popular presidente salvadoreño Nayib Bukele en las elecciones del domingo 4 de febrero parece confirmar una tendencia mundial hacia el ascenso de los líderes populistas autoritarios.

Bukele anunció en la noche de las elecciones que ganó por más del 85% de los votos y que tendrá unos 58 de los 60 escaños en el Congreso. Eso le dará poderes casi absolutos durante un segundo mandato de cinco años.

La Constitución salvadoreña prohíbe dos mandatos consecutivos, pero Bukele cambió las reglas de juego para poder postularse para la reelección. Las encuestas preelectorales mostraban que tiene una popularidad del 90%, más que cualquier otro presidente latinoamericano, gracias a su eficaz lucha contra las pandillas que solían aterrorizar a su país.

La noche de su victoria electoral, Bukele se ufanó de que es “la primera vez que en un país existe un partido único en un sistema plenamente democrático. Toda la oposición junta quedó pulverizada.”

Pero la gran pregunta es si puede haber una democracia sin oposición. En un número cada vez mayor de países, los votantes no parecen perder el sueño por este interrogante.

Los autócratas electos han ganado o están a punto de ganar elecciones medianamente libres en India, Turquía y varios otros países, a pesar de sus abusos de poder. En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó el 5 de febrero un proyecto de reforma constitucional que podría debilitar los controles al gobierno.

En Estados Unidos, es probable que el expresidente Donald Trump sea nominado como candidato del Partido Republicano y no se puede descartar que gane las elecciones de noviembre, a pesar de su apoyo a la fallida insurrección del 6 de enero de 2021 que estuvo a punto de quebrar el orden democrático.

Una nueva y alarmante encuesta de Gallup muestra que sólo el 28% de los adultos estadounidenses están satisfechos con la forma en que funciona la democracia en el país, contra un 60% a mediados de los años 80.

En América Latina, una encuesta de Latinobarómetro en 17 países encontró que sólo el 48% de los latinoamericanos está de acuerdo con la premisa de que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno,” contra un 63% en 2010. Las altas tasas de criminalidad, la corrupción y el estancamiento económico han hecho aumentar el apoyo a candidatos mesiánicos.

En El Salvador, Bukele es sumamente popular por haber construido megaprisiones y poner tras las rejas a más de 75,000 presuntos pandilleros. Aunque las tasas de delitos violentos ya venían bajando desde 2015, se han desplomado desde que Bukele asumió el poder en 2019. El Salvador ha pasado de ser de uno de los países más violentos a uno de los más pacíficos de América Latina.

El problema es que esto podría ser un fenómeno pasajero. Según sus críticos, Bukele ha hecho un pacto con líderes de las pandillas para reducir la violencia, pero los capos del crimen organizado siguen activos. Por otro lado, muchos de quienes están en las megacárceles de Bukele fueron arrestados sin debido proceso bajo un estado de excepción impuesto por el gobierno a principios de 2022.

Muchos jóvenes salvadoreños fueron arrestados por la policía solo por tener tatuajes, sin evidencia de que pertenecían a alguna banda de pandilleros.

Las fuerzas de seguridad de El Salvador han cometido “violaciones generalizadas de los derechos humanos, incluidas detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y torturas,” dice el grupo de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch.

Y las megaprisiones de Bukele pueden convertirse en campos de entrenamiento para nuevas y más poderosas generaciones de narcotraficantes, dicen los expertos en seguridad.

Bukele se ha convertido ahora en un héroe para muchos latinoamericanos que están hartos de la delincuencia en sus países. Pero el hecho de que el presidente salvadoreño gobierne a su antojo, sin controles, debería hacer disparar las alarmas. América Latina ha dado sobrados ejemplos de que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Las dictaduras suelen terminar mal. Si Bukele sigue acumulando poderes absolutos, eliminando todo tipo de controles y jactándose de haber “pulverizado” a la oposición, no creo que su gobierno vaya a ser una excepción a la regla.

©2024 El Nuevo Herald. Dist. por Tribune Content Agency, LLC.

 

 

Los Angeles Times (latimes.com)