Opinión

Operación metástasis y escorpiones venenosos

Comandante Raúl Hidalgo Zambrano/Guayaquil

 

La declaración de nuestro presidente de la República en la ONU, de que es necesaria una respuesta contundente y oportuna contra el crimen organizado internacional; y la declaración del embajador de los EE. UU., en Ecuador, que denunció la infiltración del crimen organizado en el poder e instituciones democráticas, específicamente en el sistema de justicia y hasta dirigentes de clubes deportivos: fueron el preludio de la operación, “metástasis”, la más grande realizada en la historia nacional por la fiscalía general del Estado, que remeció la conciencia nacional y la atención internacional.

Cuando escuchamos la palabra metástasis nos invade la angustia, pues, el término es usado en la medicina por los doctores para informar la propagación de células del cáncer, desde algún órgano del cuerpo humano hacia otros órganos. Con este diagnóstico se inicia una lucha intensa para controlar su expansión, encapsular y, en el mejor de los casos, eliminar el cáncer. Las buenas autoridades de justicia han usado el mismo término, aplicándolo, en la investigación sobre las redes del crimen organizado enquistadas en la estructura general del Estado, llegando por primera vez hasta altas autoridades de la Judicatura.

La circulación del venenoso dinero narco permite y acelera la metástasis. Estas situaciones se han presentado en la historia de la humanidad, contadas como fábulas por el griego Esopo; una de ellas es del escorpión o alacrán que convenció a una rana o sapo que lo cargara, en su espalda, para cruzar un río: La rana le dijo: – ¿cómo sé que no me clavarás tu aguijón envenenado? El escorpión respondió: – ambos nos ahogaríamos. La rana aceptó. En la mitad del río el escorpión le clavó su agujón. La rana le preguntó: – ¿por qué, si los dos vamos a morir? El escorpión respondió: – es mi naturaleza. Podemos aplicar y establecer una moraleja de esta fábula y, en la situación actual, determinar quiénes son alacranes y sapos, el final será el mismo.

Parte de nuestra sociedad está contaminada; estamos en medio de una guerra híbrida, en términos de estrategia militar. Los enemigos son las fuerzas irregulares clandestinas, alimentadas por la economía y finanzas del dinero narco; estas ejecutan múltiples acciones de violencia para someter a quiénes consideran necesario hacerlo; no tienen conciencia sobre el valor de una vida humana y; están apoyadas por múltiples actores políticos, operadores de justicia …, que les otorgan libertad de acción e impunidad.

Estamos poniendo los muertos, desde bebes hasta adultos, de cualquier condición. Debemos integrarnos para establecer políticas permanentes y ejecutar estrategias y tácticas con el fin de neutralizar o eliminar las amenazas híbridas del crimen, fortalecidas por su gran capacidad económica, que compiten por el control del Estado.

Siempre, hay esperanza de triunfar sobre la catastrófica metástasis; y sobre los engaños y veneno de los alacranes que pican solitarios u organizados en una sola fuerza de maldad. No seamos inocentones como la rana de la fábula de Esopo. Para ello, hay que empezar redefiniendo los derechos humanos y las leyes protectoras de los criminales.