Opinión

Olmedo y Adam Smith

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Apasionados en historia, piensan que Rocafuerte empujó a Olmedo a ser liberal, tomando en cuenta que en 1808 el primero expresó estar acorde con la independencia de Hispanoamérica y Olmedo expresó júbilo en carta al cabildo de Guayaquil, enero de 1817, por Fernando VII haber regresado al poder, mayo de 1814. No he encontrado evidencia de que los guayaquileños querían una república antes de 1820, ni respuesta a por qué Rocafuerte abandonó Guayaquil en 1819. La historia narra que salió de la ciudad a insistencia de su madre para no ser capturado, pero a esa fecha, basándose en  la documentación revisada, no había ninguna conspiración en marcha y Rocafuerte nunca fue temeroso, disfrutó de los riesgos. Él no fue a Cuba vía Lima a pasear. Lo hizo por comercio y política, la constante en sus viajes; comprar tabaco en Cuba que había vendido en Perú, y reunirse con los revolucionarios cubanos que estaban en contacto con los mexicanos. En mi opinión también salió porque no creía que los guayaquileños estaban convencidos de la necesidad de independizarse.

Siendo así las actitudes, podría pensarse que atrás del pensamiento liberal de Olmedo estaba Rocafuerte. No es correcto. En el discurso de Olmedo en las Cortes de Cádiz cuando se refiere a la abolición de las mitas en 1812, sus ideas liberales se encuentran en varias partes de la exposición. Concretamente, se refirió a la libertad de contratación y comercio: “… Hasta cuando no entenderemos que solo sin reglamentos, sin trabas, sin privilegios particulares, pueden prosperar la industria, la agricultura, y todo lo que es comercial, abandonando el cuidado de su fomento al interés de los propietarios”. No puede haber una definición más clara de libertad comercial que la expresada por Olmedo. Él va más allá cuando se refiere al interés propio, la piedra angular del sistema capitalista del británico Adam Smith. Así lo define en su magna obra La Riqueza de las Naciones: «No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses». En su discurso, Olmedo dijo: “Nada hay más ingenioso y astuto que el interés: él inspirará a los dueños de minas los recursos y modos de encontrar jornaleros. Páguenles bien, trátenlos bien, proporcionándoles auxilios y comodidades en las haciendas, y los indios correrán por sí mismos donde les llama su interés y su comodidad”. Olmedo debe haber leído a Smith y estar de acuerdo con su pensamiento de libertad económica. Se conoce que la obra escrita en 1776 fue traducida al español en 1794 por el español José Alonso Ortiz. Durante algún tiempo estuvo prohibida su lectura por la Inquisición. Para cuando Olmedo llegó a Cádiz seguramente se enteró de la obra. No hay evidencia de que todos los diputados leyeron la Riqueza de las Naciones, pero en algunas posturas, los diputados hispanoamericanos apoyaron algunas libertades económicas como no usar en exclusiva la flota mercante española, posición de peninsulares queriendo el monopolio naviero. Los hispanoamericanos expresaron que el comercio con extranjeros haría bajar los precios de los productos importados, aumentaría el tráfico marítimo y diversificaría mercados. La libertad de comercio traería prosperidad a toda Hispanoamérica.

Rocafuerte y Olmedo reafirmaron en las Cortes sus posiciones como liberales, pero a diferencia de Rocafuerte, a Olmedo le tomó tiempo aceptar el liberalismo republicano y, por lo menos hasta 1817, estaba a favor de la monarquía constitucional. El Reglamento Provisorio de noviembre de 1820, redactado por él, reafirmó su ideal de liberal federalista.