Opinión

¡OCTUBRE EN AGOSTO!

Antonio Palacios Frugone/ Guayaquil

Vivimos en un país único, donde la incertidumbre, el suspenso y las sorpresas están a la orden del día, estas incógnitas muchas veces están relacionadas con refranes que parecerían estar hechos para los ecuatorianos, en las diferentes circunstancias que nos rodean, de esos he escogido uno que viene como anillo al dedo: “quien en agosto ara, riqueza prepara”. Parecería que en estos días se están “iniciando” las festividades octubrinas, los circos comienzan a llegar para deleitarnos y alegrarnos la vida con sus grandes payasos, la propaganda genera la competencia para determinar la mayor o menor acogida de los mismos, se anuncian en los carteles las figuras que llenaran las papeletas, para que seamos los electores los que como siempre, nos pongamos la soga al cuello.

Los politiqueros y mal llamados partidos políticos, empezaron a exponernos su línea de avanzada para acometer este nuevo enfrentamiento, candidatizando a artistas, personajes de la pantalla o simplemente extravagantes, que con mucho o poco mérito, se han hecho merecedores a su popularidad dentro del campo en que se desempeñan. Los presentan como soluciones a la debacle que viven nuestras instituciones públicas (con escasas excepciones), sin embargo el país, no necesita más experimentos, necesitamos gente preparada que vaya a hacer su trabajo, que tengan la suficiente personalidad para despojarse de las componendas políticas a las que tienen que someterse para poder obtener una representación y así poder entrar al campo electoral.

Estos “servidores públicos”, una vez que llegan al poder, promocionan las obras realizadas que consideran relevantes, se olvidan que son elegidos y pagados para trabajar sin que deban esperar halagos o aplausos por ejercer su deber, nadie los obliga a nada, son los movimientos o partidos que ¡SI! nos imponen a sus representantes para con nuestro voto ¡por el menos malo! captar el poder deseado, situación que se presenta entre muchas, debido al bajo nivel de educación en que mantenemos a nuestro electorado, donde prevalece la simpatía, la popularidad y no los conocimientos ni su preparación.

Ojalá, los elegidos para esta nueva contienda, entiendan y trabajen por nuestro país, desde el sillón para el que sean electos, sin pensar en sus propios beneficios. No matemos a nuestra nación, merecemos un cambio de políticas administrativas, de moral, donde lo primordial sea el servicio antes que la figuración a que nos someten, para después de una gran labor cumplida, poder saludarlos, no con calzones, sino con pañuelos blancos extendidos en las manos, cual torero en ruedo.