Opinión

¿Occidente debe disculparse?

Por:  PAT BUCHANAN * Argentina.

Mientras el Partido Demócrata debate el otorgamiento de reparaciones por la esclavitud, aparece una nueva controversia, relacionada con ésta y planteada por el presidente de México. Andrés Manuel López Obrador les escribió al papa Francisco I y al rey Felipe VI en demanda de disculpas por la conquista española de México, que comenzó hace 500 años con la invasión de Hernán Cortés.
Tras arribar a la costa del Golfo en 1519, Cortés marchó durante dos años hasta lo que hoy es la ciudad de México para imponer el gobierno español, la lengua y la cultura hispanas, y la fe católica a los pueblos indígenas.
«»Se impuso una cultura, una civilización sobre otra»»» dijo López Obrador al anunciar su reclamo. «Hubo matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz. Construyeron sus iglesias encima de los templos.» El presidente demandó que el rey y el papa pidieran «perdón por los abusos infligidos a los pueblos indígenas de México.»

LA FE CATOLICA

Hoy nadie niega que durante esa conquista se cometieron graves crímenes y pecados. Pero el pueblo mexicano, los 130 millones de mexicanos, ¿no vive mucho mejor gracias a que vinieron los españoles y derrocaron el imperio azteca? ¿Acaso los 300 años de gobierno español y la sustitución de los cultos paganos por la fe católica no produjeron enormes avances para su civilización y sus derechos humanos?
¿O nunca hay una justificación para que una nación invada a otra, conquiste a su pueblo, imponga su gobierno, y elimine y reemplace su cultura y civilización? ¿El genocidio cultural es siempre un delito de lesa humanidad, incluso cuando la cultura arrasada tolera los sacrificios humanos? ¿Tenían derecho los aztecas a que el mundo europeo consintiera sus prácticas? Y si era así, ¿de dónde emanaba ese derecho?
Lo que conduce a otra pregunta: ¿todas las civilizaciones y las culturas son iguales, o hay algunas más iguales que otras? ¿Superiores?
Hasta hace algunas décadas, a la mayoría de los norteamericanos se les enseñaba a creer que la civilización occidental está por encima de todas las demás, y que los Estados Unidos eran su expresión suprema. Y gran parte del mundo parecía estar de acuerdo.
En cuanto a la idea de que todas las civilizaciones y culturas son iguales, se trata de una afirmación ideológica. ¿Dónde están las pruebas históricas, científicas o empíricas que le den sustento? ¿Cuánta gente cree realmente en ella?

El canciller español Josep Borrell dijo que resultaba «extraño recibir ahora este pedido de disculpas por acontecimientos ocurridos hace 500 años». Se preguntó si España debía pedir disculpas a Francia por la invasión de la península ibérica y los crímenes cometidos por los ejércitos de Napoleón, o Francia reclamar una disculpa a Italia por la invasión de las Galias a cargo de Julio César.
Como es difícil que reciba una disculpa del rey, López Obrador podría mejor insistir con el papa Francisco, que anda pidiendo perdón por los crímenes cometidos durante la conquista y colonización de Sudamérica por España y Portugal. En 2015, el Papa declaró en Bolivia: «Esto lo digo con pena. Muchos graves pecados se cometieron contra los pueblos nativos de América en nombre de Dios. Humildemente, les pido perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino también por los crímenes cometidos contra la población nativa durante la llamada conquista de América.»

MODA APOLOGETICA

Como relató el New York Times en su crónica sobre la «helada respuesta» de Madrid a la demanda de México, hay otros líderes occidentales -no sólo Barack Obama- muy identificados con esta moda apologética. Justin Trudeau pidió disculpas por el maltrato de Canadá a sus pueblos indígenas. El francés Emmanuel Macron pidió disculpas por las torturas infligidas a los rebeldes argelinos durante la guerra de la independencia.
La derecha española, sin embargo, no adhiere a ese programa. Alberto Rivera, el líder de Ciudadanos, calificó la demanda de López Obrador como «una ofensa intolerable al pueblo español.» Rafael Hernando, del Partido Popular, la respondió con desdén: «Nosotros, los españoles, fuimos allí y pusimos fin al poder de las tribus que asesinaban cruel y ferozmente a sus vecinos.»

Detrás de este pedido de disculpas a España y a la Iglesia hay una visión de la historia que los norteamericanos conocemos muy bien, y que arraiga en conceptos encontrados acerca de quiénes somos y quiénes fuimos.
Los pueblos occidentales que conquistaron y cambiaron buena parte del mundo, ¿han sido, a fin de cuentas, una bendición o una maldición para la humanidad? La historia de Occidente, aunque repleta de todas las debilidades de todas las civilizaciones, ¿no ha sido única en términos de la grandeza que produjo?
¿O los crímenes del imperialismo occidental -colonialismo, genocidio, racismo, esclavitud y maltrato de las minorías de color- son tan abrumadores, odiosos y vergonzantes que cancelan el bien realizado?
¿Acaso la raza blanca es, como escribió Susan Sontag, «»el cáncer de la historia humana»»? Cuando vemos los monumentos y tributos a los grandes hombres de nuestro pasado profanados y abatidos, advertimos que una porción de nuestras élites intelectuales y culturales ya ha dado su veredicto: pulgar hacia abajo. En coincidencia con el artista del chantaje moral de la Ciudad de México.
Una pregunta: ¿Pueden los pueblos que se avergüenzan del pasado de su nación emprender grandes cosas hacia el futuro? ¿O un arraigado sentimiento nacional de culpa, como el que hoy aflige a muchos alemanes, se convierte en un factor de incapacidad permanente para la existencia de una nación?