Opinión

Nuestros hijos

Verónica Gallardo C.

veronicagallardo.chi@gmail.com

“Cuando seas madre me entenderás”. ¿Quién no escuchó alguna vez esta frase de cabecera? Bueno, las profecías maternales se cumplen. Cuando eres madre entiendes que la maternidad es pura dicotomía, una montaña rusa de emociones que a ratos pueden parecer muy contradictorias. Sin embargo, encuentran el lugar preciso para coexistir. Aunque todavía no saco mi posgrado en maternidad y fue hace muy poco tuve el placer de conocer a mi hijo; tenerlo en mis brazos me llenó de una alegría indescriptible y también de un miedo casi paralizante. Dicotomía pura.

En ésta era dorada donde la información está al alcance de todos, sólo es necesario un clic para que el hipocondriaco de turno logre hacer un profundo diagnóstico de una compleja enfermedad del sistema inmunológico. Así mismo, no falta la marea de blogs, páginas y foros de discusión acerca de la crianza. Después de horas de perderte en la web te encuentras con un millón de estilos de crianza tan distintos y con tantos beneficios…que sólo puedes pensar, ¿cómo debo criar a mi hijo?, ¿a quién debo escuchar? Desde cómo preparar un biberón a cómo combatir los terrores nocturnos. Maternidad 2.0

Como si no fuera suficientemente compleja la tarea de adaptarse a una nueva identidad para la mujer que ahora se convierte en madre, la exposición constante a toda esta información coloca la vara muy en alto. Parecería que la maternidad ha dejado de ser nada más la relación entre madre e hijo y ha pasado a convertirse en un complejo estilo de vida con demandas y expectativas muy altas. Los días se van entre pensar cuantos extra curriculares deberá tomar tu hijo, ahorrar para la mejor universidad, cuantos idiomas aprenderá, en que deporte será excelente y….nos olvidamos que en lugar de competitivos ejecutivos, tenemos hijos. Maternidad y competitividad se fusionan en esta era. Sé que vivimos en un mundo donde hay más personas que oportunidades, pero aún así considero que el concepto de éxito asociado al nivel de productividad profesional se encuentra muy lejano de lo que yo considero exitoso.

Que sucedería si midiéramos nuestro éxito como padres por qué tan felices son nuestros hijos muy aparte de sus logros. Ser felices no implica estar alegre todo el tiempo, sino saber aprovechar el tiempo y las oportunidades de crecimiento. Si empezamos a ver los “problemas” como situaciones provechosas, la postura que podemos adoptar ante la vida da un gran giro.

Que sucedería si pudiéramos tomar a nuestros hijos como nuestros maestros, en lugar de sentirnos en la obligación de mostrarles a ellos de que se trata la vida. Si bien como padres, tenemos la tarea de criar a nuestros hijos, siento que ellos vienen con mucho más que enseñarnos a nosotros. Para mi esta enseñanza fue la espiritualidad, entendiéndola no como una doctrina sino como un estilo de vida.

Los niños son seres muy espirituales, por lo que educarlos con esta espiritualidad ya innata para ellos simplemente significa que no perderán su esencia. Una crianza espiritual le permite a un niño poder darle sentido a su existencia y tener a la mano una gran herramienta para encontrar su felicidad. Yo como madre, mujer y persona hoy entiendo que el éxito más grande es ser feliz.

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