Ciencia

Nuestro cerebro nos recompensa para que no cambiemos de hábitos

El cerebro nos obliga a centrar nuestra atención en las experiencias que le resultaron gratificantes y descarga dopamina cuando sucumbimos a la tentación.

ESPAÑA. El mes de febrero se acaba y para la mayoría de la población sigue siendo muy difícil mantener sus propósitos de año nuevo. De hecho, muchos ni siquiera lo hemos intentado. Y es que como ya mostrara un estudio previo, los hábitos adquiridos dejan unas marcas duraderas en los circuitos cerebrales que nos empujan a satisfacer nuestros antojos. Es más; según muestra un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad John Hopkins en Baltimore (EE.UU.), nuestro cerebro está programado para centrar su atención en las experiencias que le resultaron gratificantes y ‘nos recompensa’ con descargas de dopamina cuando recaemos en la tentación.

Como explica Susan M. Courtney, directora de esta investigación publicada en la revista «Current Biology», «no tenemos tanto autocontrol como podíamos creer. Y es que no tenemos un control completo sobre las cosas a las que prestamos atención. No nos damos cuenta de que nuestras experiencias pasadas desvían nuestra atención, pero la verdad es que tendemos a mirar a, pensar en y prestar atención a lo que hemos hecho en el pasado y que fue recompensado».

Deja vu dopaminados
Para llevara a cabo el estudio, los autores propusieron un reto a 20 adultos voluntarios: encontrar objetos rojos y verdes en la pantalla de un ordenador. Y por cada objeto rojo que encontraran, recibirían una recompensa de 1,5 dólares estadounidenses –poco más de 1,3 euros–. Por el contrario, la recompensa por cada objeto verde descubierto sería de solo 0,25 dólares. Por tanto, los participantes lo tuvieron claro: encontrar tantos objetos rojos como fuera posible.

Los participantes fueron convocados al día siguiente para una nueva prueba. Y en esta ocasión, sus cerebros fueron analizados por tomografía por emisión de positrones (PET). Concretamente, debían encontrar objetos de distintas formas en la pantalla del ordenador, sin importar el color y sin ninguna compensación económica. Es decir, el color no era determinante. Pero cada vez que un participante veía un objeto de color rojo, los resultados de la PET mostraron cómo sus áreas cerebrales implicadas en la atención se llenaban con dopamina –el neurotransmisor que se descarga en el cerebro a modo de recompensa.

Como refieren los autores, «los participantes encontraban las formas que buscaban, pero de una forma más lenta. Y es que los objetos rojos, anteriormente retribuidos, les distraían».

Como indica Susan Courtney, «lo realmente sorprendente era que los participantes sabían que no iban a ser recompensados y, por tanto, no esperaban ninguna recompensa. Sin embargo, había una asociación con la recompensa previa que todavía causaba una descarga de dopamina. Es decir, el estímulo se había incorporado a nuestro sistema de recompensas».

‘Cortar’ la recompensa
Es más; los participantes que mostraron mayores niveles de distracción con los objetos rojos fueron aquellos que, a su vez, también mostraron mayores niveles de descarga de dopamina. Pero también hubo participantes que se centraron en la forma de los objetos y no se distrajeron por aquellos de color rojo. Y en estos casos no se observó ninguna descarga de dopamina.
Como apunta Susan Courtney, «por lo general, las distracciones suelen ser mayores en la gente con mayor susceptibilidad a las adicciones y menores en la población abstemia, con depresión o a la que no le importan las recompensas».

Sea como fuere, los resultados sugieren la posibilidad de que esta ‘distracción neuroquímica’, es decir, la descarga de dopamina, pueda ser impedida con la administración de fármacos. Una posibilidad que, de hacerse realidad, resultaría ciertamente beneficiosa en el tratamiento de las adicciones y otros problemas de comportamiento e, incluso, nos ayudaría a completar nuestra dieta. (ABC/La Nación)