Opinión

Nuestra tragedia, nuestra policía

Por: Héctor Zamarrón/ Mèxico

#NoNosCuidanNosViolan y #NoNosCuidanNosMatan son expresiones que se apoderaron de todo el país en unos cuantos días y provocaron manifestaciones en decenas de ciudades contra la violencia hacia las mujeres, en general, y contra los policías violadores en concreto. Dos casos mal manejados por el Gobierno de Ciudad de México fueron el detonante que sacó a miles de mujeres a las calles hartas de un sistema que tolera y propicia la trata de personas, la violación de menores, el feminicidio y otras formas de abuso que incluyen, incluso, la criminalización de la protesta.
Es una tragedia que provoca la muerte de nueve mujeres al día, 3 mil 285 al año, y que nos obliga a observar y revisar lo que ocurre con nuestras policías, el brazo del Estado para aplicar el monopolio legítimo de la fuerza. En el caso de Ciudad de México estamos ante una policía mal pagada, mal preparada, cuya autoridad es cuestionada por quienes –a fuerza de un sistema corrupto– saben que pueden gritar, pegar o hasta vejar a un agente sin esperar ninguna represalia, porque apenas si tienen algo de educación y, en muchos de los casos, desconocen sus derechos. Pero ellos mismos son quienes cometen abusos, propician actos de corrupción y entre quienes están los acusados de abusar de una menor que no ha recibido la atención que merece y requiere un caso como el que ella denunció.
Por eso la indignación, el enojo que llevó a muchas otras a reivindicar los actos de violencia y las pintas en la manifestación del viernes en la Ciudad de México. «Me representan lo mismo las que marchan en paz y las que incendian el Metrobús», dice en Twitter Daniela Schmidt. «Prendimos fuego a la estación de Policía de Florencia. Digo prendimos porque lo hicimos todas. Nadie se mueve, todas juntas, nadie corre», dijo en la misma red Dana Corres. Es una indignación compartida, porque es esa misma policía la que unas horas antes de la marcha mató a otra mujer, originaria de Veracruz, de 73 años, en pleno Paseo de la Reforma.
La mataron policías de la Ciudad de México a bordo de una patrulla, a exceso de velocidad y sobre el carril del Metrobús, en una avenida de velocidad máxima 50 km por hora. De haber respetado el límite de velocidad, ella estaría viva, quizá con algún hueso roto y contusiones, pero viva. Y de esa misma corporación es el agente que circulando en moto por la ciclovía, atropelló la tarde del jueves a José Lara, un trabajador de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), que hoy se encuentra grave, con fracturas en costillas, cara y cráneo.
Los encargados de vigilar que no se rompan las leyes, los policías, son los primeros en atropellarlas. Y encima, la respuesta a esta crisis ha sido terrible. Se criminaliza la protesta de las mujeres y se les acusa por romper cristales y pintar monumentos. En el segundo caso es todavía peor, ni siquiera son capaces de darse cuenta que ahí también existe una crisis. Una tragedia, la de nuestros policías, y otra peor, la ceguera de nuestros gobernantes.