Opinión

NUESTRA REFLEXION DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”  Éxodo 20:17

El décimo mandamiento de la Ley de Dios prohíbe codiciar los bienes y todo lo que tenga el prójimo.  La codicia es un deseo desmedido de poseer lo que tiene otra persona, debe diferenciarse con el deseo natural de querer crecer como persona y tener bienes que le causen bienestar, lo malo está en desear tener vehemente y a cualquier precio las  riquezas o  cosas materiales o personales  de alguna otra persona.  La codicia es la raíz de los otros seis mandamientos relacionados con el prójimo, pues  por codicia se llega a matar, a robar,  a decir falso testimonio y a mentir, a cometer adulterio, a despojar a los padres de sus bienes, pues en contraste de esto, la Palabra de Dios nos enseña que debemos estar contento con lo que tenemos, con el sustento y el abrigo, porque  los que quieren enriquecerse caen en la codicia que lleva a las personas a la destrucción y perdición, ya que raíz de todos los males es el amor al dinero por el cual muchos codiciándolo se extraviaron de la fe.  (1 Timoteo 6)