Opinión

NUESTRA REFLEXION DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

“Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” Santiago 3:6

La lengua en esta porción bíblica es descrita como fuego, pues es conocido por todos que el fuego destruye, arrasa con todo lo que tiene por delante, así mismo las palabras dichas de mala manera o con la intención de dañar, una mentira, una calumnia, una maldad dicha en contra de la moral de alguien pueden destruir una vida, acabar en cuestión de segundos con la reputación de alguien, por eso es capaz de contaminar todo el cuerpo e inflamar la rueda de la creación, es decir todo nuestro ciclo vital, pues una vez que  la maldad ha corrido a través del veneno lanzado por la lengua, éste  afecta para toda la vida, ya que no es fácil reparar el daño causado por ella.

Este fuego con el  que es comparada la lengua no es el fuego Santo del Espíritu Santo que tiene como función limpiar, santificar, sino que este fuego proviene del infierno, del mismo corazón de Satanás, por eso palabras ofensivas han provocado grandes guerras en una familia o en una nación, pues este fuego tiene como finalidad destruir, matar y dañar todo lo que se cruce por delante.  En su contexto la Palabra dice que la lengua no es fácil domarla, pero que quien logra hacerlo será capaz de controlar todo su ser, de allí que es necesario aprender a controlarla, escuchando más y hablando menos, de esta manera se evitará decir cosas de las cuales luego se pueda arrepentir.