Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.  Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:15-16

En tiempos antiguos solamente el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año para ofrecer sacrificios por sus propios pecados y los del pueblo, pero en la actualidad, gracias a la obra redentora de Jesucristo, podemos entrar al Trono de la Gracia cuantas veces sea necesaria porque Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, Aquel que  fue tentado en áreas  donde el ser humano también es tentado constantemente, como son la carne,  la codicia y  la ostentación o la fama, de tal forma que el Señor conoce nuestras  debilidades y se compadece, por eso está siempre presto a brindarnos su socorro oportuno si con fe y anhelo lo buscamos, de tal manera que ahora podemos acercarnos confiadamente al Trono de la Gracia con actitud de obediencia y de servicio. Es en el Trono de la Gracia donde se recibe los favores divinos, es allí donde se puede obtener misericordia, perdón de pecados y la gracia necesaria para el oportuno socorro en nuestras debilidades y  distintas pruebas o tentaciones. Para reflexionar:  ¿Ante cualquier prueba o dificultad, a quién o a dónde acude usted? ¿SE ha acercado alguna vez al Trono de la Gracia para  confesar sus pecados y recibir el perdón de Dios? ¿Considera usted a Jesucristo  como su Sumo Sacerdote?