Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia L./Guayaquil

 

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14

Para todo deportista que participa de una carrera, su máximo logro es llegar a la meta y terminar el recorrido con éxito.  De esta misma manera, en la vida hay una carrera que correr, y ese es el llamado de Dios para su pueblo.  El apóstol Pablo lo expresó claramente.  Él no había logrado todavía llegar a la meta, pero se dirigía hacia ella cada día, y para lograrlo es necesario dejar atrás los recuerdos dolorosos,  las injusticias, el pasado, hay que dejar todo eso atrás para poder mirar lo que se tiene por delante, y lo que se tiene por delante es una vida nueva en Cristo Jesús, mirarlo a Él como esa meta que hay que alcanzar, llenarse de su presencia, asirse a su cintura, agarrarse de ese llamado de Dios a tener una relación con  Cristo Jesús para alcanzar ese premio que es la vida eterna que solo se la obtiene a través del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario.  Jesucristo es la meta a seguir.  Extiéndase hacia Él mirando todo lo que ha hecho por usted por amor, mirando todo lo bueno que Él de antemano ya trazó para su vida.  No mire atrás, mire hacia la meta, siga la trayectoria y no se desvíe ni a izquierda ni a derecha.