Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia L./Guayaquil

 

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.  Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos.  Hechos 3:6-7

No hay dinero en el mundo que pueda comprar la sanidad del alma o del cuerpo.  Hay gente multimillonaria padeciendo enfermedades catastróficas, y por mucho dinero que tengan, no han podido sanar a su ser querido o a ellos mismos, de la misma manera que le sucede a una persona que tenga escasos recursos.  Claro está que en ocasiones, el poder adquisitivo si permite comprar medicinas costosas que pueden sanar a un enfermo, pero no hay nada más poderoso que el nombre de Jesucristo, porque Él cargó con todas las enfermedades en la cruz del Calvario.  Pedro y Juan vieron a este paralítico y movidos a compasión le dijeron no tenemos plata ni oro, pero lo que tenemos te lo damos.  Ellos tenían la fe en el Señor Jesús, y también tenían la autoridad dada por Jesús para hacer milagros de sanidad y toda clase de milagros.  Usted ¡con qué cuenta actualmente para ayudar a los demás?  Quizás al igual que Pedro y Juan no tenga dinero para ayudar a alguien que lo necesite, pero si puede tener  tiempo para orar por esa persona, para brindarle compañía o una Palabra fresca de esperanza  inspirada por Dios, lo importante es estar  dispuesto a servir en la obra de Dios.  Para reflexionar: ¿Cuándo conoce de alguien que está pasando necesidades o que no se puede valer por sí mismo, es indiferente a su necesidad o busca la forma de poder ayudar a esa persona? ¿Ha recurrido   alguna vez al poder sanador de Jesucristo? ¿Cree que Jesús puede sanar cualquier enfermedad porque para Él no hay nada imposible?