Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

 

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” Éxodo 20:3

Cuando el Dios Padre Todopoderoso escribió los diez mandamientos en dos tablas de piedra y se las entregó a Moisés se identificó como Jehová tu Dios quien te sacó de la tierra de  Egipto, esto era motivo suficiente para que el pueblo elegido por Él tuviera como lo prioritario en su vida rendir toda la alabanza y adoración solo a Dios.  Por eso los cuatro primeros mandamientos, escritos en la primera tabla, tienen que ver con la relación directamente para con Dios, así de esta manera el primer mandamiento prohíbe tener otros dioses.  Los egipcios eran idólatras, tenían muchos dioses al igual que los pueblos  paganos que habían en aquella época, sin embargo en la actualidad esto no ha cambiado mucho, porque un dios ajeno al verdadero Dios no constituye solamente una imagen a quien se puede venerar en un momento determinado, sino que dios ajeno o diferente al Dios verdadero constituye todo aquello que ocupa el lugar de Dios, así si lo primero en la vida de alguien es el trabajo, pues ha hecho del trabajo su dios, si lo primero es hacer riquezas, pues las riquezas son su dios, y así todo lo que cautiva la mente y el corazón de las personas constituyen dioses ajenos a Jehová Dios, convirtiéndose esto en pecado, por lo tanto lo separa de Dios.  Este primer mandamiento nos exhorta a adorarlo solo a Él y a rendir toda la honra y todo el honor a ese Dios, grande y maravilloso que nos ha rescatado de la esclavitud del pecado.