Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

 

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor; Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.  Cantares 8:6

En este poema bíblico, hermoso por cierto, la  sulamita le pide al novio que la ponga en su corazón como un sello, como se sella algo que es de su propiedad.  Este sello lo llevaban los hombres en aquella época en la mano derecha, atado a la muñeca para evitar pérdida, por eso el poema hace alusión a que la lleve como una marca sobre su brazo, como un sello, porque el amor que siente es tan fuerte que lo compara con la muerte.  Cuando se ama demasiado parece ser difícil dejar de temer que ese amor se vaya con otra persona, por eso entran celos que son duros como el Seol, lugar donde están los muertos, son fuertes como las brasas de fuego. Esta descripción del amor de una pareja podemos aplicarlo también al amor que Cristo tiene por su iglesia, es tan fuerte, que dio su vida por nosotros, y nos ha sellado también con las arras del Espíritu Santo, denotando pertenencia a Él, porque hemos sido comprados a precio de sangre.  Nadie podrá apartarnos del amor de Cristo.  La novia del Cordero, su Iglesia ha sido sellada con el poder del Espíritu Santo y las puertas del Hades no prevalece sobre ella.