Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, tratando todos vosotros de aplastarle como pared desplomada y como cerca derribada?  Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón.   Salmo 62:3-4

 

El rey David tenía tanta confianza en Dios que dependía totalmente de Él.  A muchos no le agradaba esto, por eso sentían envidia de él, y maquinaban toda clase de maldad para tratar de hacerle daño y derribarle.  Estos hombres que perseguían su mal eran hipócritas, delante de él lo elogiaban y se mostraban amigos, pero detrás de él buscaban su destrucción.  Lamentablemente en la actualidad también existe este tipo de personas, elogian lo que hace y lo que es, fingen sentir admiración, pero detrás no soportan ver su manera de vivir, confiando y descansando en Dios y gozando de su protección.  La mentira que hay en sus vidas los lleva a bendecirlo aparentemente, a estar alegre por sus triunfos, pero estos buenos deseos no son sinceros, dentro de su corazón están deseando todo lo contrario.  Podrán engañarse a sí mismos y a quien pretenden elogiar de una manera hipócrita, pero delante de Dios es imposible sostener esta falsedad, porque el Señor mira las intenciones del corazón y juzga de acuerdo a lo que hay en él, no de lo que se aparenta ser.  Cuídese de tener este tipo de amistades, en nada convienen.  Son fáciles de detectar porque sus elogios muchas veces son exagerados e innecesarios.  Para reflexionar:  ¿Admira usted la sinceridad de otros?  ¿Cree que todas las personas que se le acercan elogiando lo que es y lo que hace son sinceros con usted?