Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia

Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!  Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó,  diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.  Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. Lucas 18:38-42

La fe es algo que va mucho más allá de las limitaciones físicas que podamos tener.  Esta persona no podía ver, pero tenía intacto el sentido del oído y  sin duda alguna, había escuchado del poder sanador que tenía Jesús, por eso, al enterarse que el Señor pasaba cerca de él, imploró misericordia, peo nunca falta quienes a veces y sin saberlo quieren robar la bendición, haciéndolos desistir de la fe. Esto no sucede con el Señor Jesús, quien siempre muestra su amor y compasión por todo aquel que  clama su nombre.  Cuando este ciego tuvo su encuentro con Jesús, Él Señor  le preguntó: ¿qué quieres que haga por ti? No porque no lo sabía, sino porque se agrada de que le pidan, entonces justo en ese momento el Señor honró la fe de este ciego e hizo el milagro que deseaba y pudo ver de inmediato.  Hoy en día, ¿qué es lo que usted desea que el Señor haga por usted? Quizás necesita ser sanado de alguna enfermedad, o talvez necesite un milagro financiero, o por qué no pensar que su necesitad puede ser almática, su corazón está quebrantado por el sufrimiento.  Cualquiera que sea su necesidad, debe saber que así como el ciego recobró su vista por la fe que tenía en Jesús, su fe también hoy puede mover el corazón del Señor y obtener su milagro.  Actúe como aquel hombre ciego e implore misericordia ante el Señor, pero recuerde que el milagro más importante que Jesús puede hacer en su vida es darle el regalo de la vida eterna.