Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

 

Pra. Miriam Florencia

 

 Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 1 Crónicas 29:11

En ocasiones hay quienes cuestionan las ofrendas que se entregan para la obra de Dios, y lo que es más aún, se deja de ofrendar por diversos motivos, pero que gran enseñanza deja en este pasaje el rey David, quien tenía un corazón agradecido a Dios por todo lo que había hecho por él.  David tenía claro que todas las riquezas que podría tener provenían de Dios y que  lo que se le entregaba  a Dios como ofrenda era solo una parte de lo que a Él mismo le pertenece.  Esto no solo lo reconocía David en su corazón,  sino que también lo enseñaba  a su pueblo, por eso cuando todo el pueblo comenzó a entregar de lo que tenían para la construcción del templo, el corazón del rey David se alegró tanto que oró a Dios reconociendo que todo era de Él.  David reconoce la grandeza de Dios, su magnificencia. Reconoce su poder es inigualable, porque el Señor es Todo poderoso, a Él solamente pertenece la gloria, la victoria y el honor, porque  prevalece contra todos. Que el Señor ponga en  el corazón de cada hijo suyo, el dar para su obra, sin cuestionar sino con un corazón alegre, porque Dios ama al dador alegre. Para reflexionar:  ¿Cómo está su corazón con respecto al dar para la obra de Dios? ¿Usted se considera un dador alegre? ¿Ofrenda a Dios como muestra de su agradecimiento por lo que el Señor le da?.