Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

 Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

 

 

Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, Él te desechará para siempre. 1 Crónicas 28:9

Muchos padres llegan a una edad avanzada y están preocupados por qué legado pueden dejar a sus hijos, sin embargo, para el rey David, el mejor legado que le podía dejar a Salomón, su hijo heredero al trono, era un consejo sabio que le permitiría conducirse bien dentro de su reinado.  David le aconseja a su hijo que reconozca a su Dios, al Dios de su padre, y no solamente que lo reconozca, sino que también le sirva con dos características claves que debería tener todo servicio a Dios: corazón perfecto y ánimo voluntario.  Un corazón perfecto no es aquel que no peca, porque mientras se esté en el cuerpo siempre va a existir una tendencia al pecado, pero un corazón perfecto es aquel que es dirigido por Dios, que está sometido a su voluntad, que se arrepiente de lo malo que haya hecho y busca el perdón de Dios, y por otro lado, el ánimo voluntario, está relacionado con la voluntad, no se debe servir a Dios por obligación o porque le toca hacerlo, sino, porque es un  honor, un privilegio hacerlo.  Cuando se busca a Dios de todo corazón, con seguridad se lo encuentra, y más aún si lo hace con toda sinceridad, porque el Señor escudriña hasta el más íntimo pensamiento y discierne las intenciones del corazón. Para reflexionar:  ¿Cómo está su corazón en estos momentos? ¿Hay en él, rencor, falta de perdón, resentimiento, amargura? ¿Su voluntad está inclinada al servicio a Dios?