Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Juan 21:15

Cuantas veces el ser humano hace promesas o dice cosas motivadas por la emoción del momento. Esto es lo que le pasó a Pedro. Cuando Jesús estaba en el Monte de los Olivos con sus discípulos y les mencionaba que esa noche iba a ser entregado, Pedro le dijo que aunque todos se escandalizaran de Él, él nunca lo haría y Jesús le dijo que antes de que el gallo cante dos veces lo habrá negado tres veces. Efectivamente esto sucedió, por tal razón ese pecado de Pedro, el mismo que trajo muchas afectaciones espirituales a su vida, tenía que ser restaurado y sanado, por eso el Señor Jesús le preguntó tres veces si lo amaba, porque el amor cubre multitud de pecados. Una misión tan grande como la que le iba a ser encomendada a Pedro, pastorear las ovejas de Jesús, su grey, no podía ser entregada a alguien que no tuviera amor por el Señor de la grey, por eso era necesario que por cada negación que Pedro había hecho, hubiera una proclama de amor. El Señor Jesús jamás le reprochó a Pedro su negación, por el contrario, sanó su alma y su espíritu y restauró su relación a tal punto que le dio una gran responsabilidad. Eso mismo hace el Maestro hoy con cada alma arrepentida que se acerca a Él, perdona su pecado y restaura su vida. No hay pecado que usted haya cometido, que el Señor no pueda perdonar si se acerca a Él con arrepentimiento genuino, porque su amor es tan grande que dio su vida voluntariamente para que usted tenga vida y vida en abundancia.