Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

“Guárdame,  oh Dios,  porque en ti he confiado”  Salmo 16:1

El Salmista David le implora a Dios su protección, le pide que lo guarde de sus enemigos, que lo guarde de todo mal porque su confianza está puesta en Él.  Así como David confiaba plenamente en la protección de Dios a quien había recurrido siempre en momentos de angustia y desesperación, pero también en momentos de completa paz, el pueblo de Dios debe también aprender a confiar en Él, pues hay muchos hoy en día que tienen puesta su confianza en la seguridad personal que puedan contratar, en el poder que puedan tener, pero la verdad es que esa seguridad y protección no se podrá comparar jamás con la protección de Dios.  Las personas que viajaron a bordo del Titanic, viajaron confiados en la seguridad que esta embarcación proporcionaba a sus pasajeros, jamás pensaron que iban a naufragar, pues solo se necesitó la punta de un iceberg para hacerlo hundir, esto y otros sucesos históricos deben llevarnos a reflexionar que aún los lugares que se creían más seguros han caído y han desaparecido, pero la protección y seguridad que solo Dios ofrece, jamás podrá ser destruida por nadie ni por nada, pues Dios es infinito en poder para salvar y guardar de todo mal a todo aquel que confíe en Él.