Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

“Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Más para esto he llegado a esta hora” Juan 12:27

El alma de Jesús estaba turbada, estaba pasando por momentos de angustia, pues ésta no era por causa de algún pecado cometido por Él, sino por causa de los pecados de la humanidad.  Aunque Jesucristo se ofreció en forma voluntaria para venir a este mundo en forma de hombre para redimir a la humanidad del castigo eterno, es comprensible que como parte de su naturaleza humana sintiera tal angustia, pues no pidió al Padre ser librado de la muerte en la cruz, sino ser librado de los padecimientos por el momento de abandono que iba a atravesar por parte del Padre, pues al cargar con los pecados de la humanidad, Dios, el Padre, apartó por ese instante su mirada de Él, pues su Santidad se lo impedía. Jesús no pidió nunca ni fue el deseo de su alma renunciar a tal sacrificio, pues para eso había venido  al mundo, para morir en sustituto nuestro y reconciliarnos con el Padre.