Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba  Isaac a Esaú su hijo, y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer. Génesis 27:5

Rebeca, esposa de Isaac tuvo dos hijos gemelos, Esaú el primogénito  y  y Jacob el segundo.  Esaú era el preferido de su padre y  Jacob el de su madre.   En este pasaje podemos ver a una madre, Rebeca,  escuchando, quizás  a escondidas,  una conversación que tenía Esaú con su padre quien estaba ya anciano.  En esta conversación el padre le pide a su hijo le prepare su plato preferido de comida y luego le daría la bendición tal como era la costumbre en esa época.  Recibir la bendición significaba recibir la herencia de todo, tanto en lo espiritual como en lo material, pero Rebeca quiso favorecer a su hijo menor y tramó un plan para lograrlo.  ¿Se siente usted identificada con Rebeca? ¿es usted capaz de hacer cualquier cosa con tal de favorecer a uno de sus hijos? ¿Ama por igual a todos sus hijos o siente preferencia por alguno de ellos? Estas son algunas interrogantes que cada madre debe hacerse, porque lamentablemente en muchos hogares existe esta situación, la preferencia por uno de los  hijos.  Esta preferencia trajo rencilla entre hermanos a tal punto que Jacob tuvo que huir.  Debe saber que si usted tiene preferencia por uno de sus hijos está cometiendo un acto de injusticia con uno de ellos y propiciando rivalidades que lejos de unir tiende a separar la relación entre hermanos.  Todo hijo tiene derecho a ser amado por igual por ambos padres, las preferencias son productos de un espíritu que tiene por objeto dividir y no unir a la familia, por eso analice cómo es el trato que usted tiene por sus hijos, es igual para todos o tiene preferencias dentro de su  hogar, nunca es tarde para aprender a amar a sus hijos sin favoritismos sino por el contrario creando en ellos el verdadero sentido lo que significa ser hermanos y pertenecer a una familia, donde todos sus miembros deben protegerse, respetarse y amarse.