Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/Guayaquil

¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación. Daniel 4:3

El rey Nabucodonosor en este pasaje expresa las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho con él y lo hace de una forma de admiración, de exaltación, pues comprende que su reino no es semejante al del Rey de reyes y Señor de señores, sus señales son muy grandes que no pueden cuantificarse y sus maravillas tan poderosas que son dignas de alabar.  El rey había sido testigo de cómo Daniel y sus dos amigos habían sido lanzados al horno de fuego y cuando salieron de allí ni siquiera tenían en sus vestiduras olor a humo.  Esta protección solo la puede ofrecer un Dios Todopoderoso, no hay otro dios como Él que pueda hacer estas obras, y estas lo tenían maravillado al rey.  Nabucodonosor también sabía que su reino perecería en algún momento, pues él mismo tendría que ver la muerte, pero el reinado de Jehová es sempiterno y es transmitido de generación en generación.   ¿Puede usted sentirse maravillado por las cosas grandes y extraordinarias que Dios ha hecho en su vida? Quizás ha sido librado de la muerte, o de cualquier otra situación por la cual pueda exclamar ¡Oh Señor, cuán grandes son tus obras y cuán grandes son tus maravillas¡ El Señor Todopoderoso es y digno de toda exaltación.