Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia. 2 Corintios 9:10

El apóstol Pablo enseña en este pasaje que el que pone primeramente en el corazón ayudar al necesitado, o aportar para el sostenimiento de algún ministerio es el Señor, y así como pone ese deseo en el corazón también va a proveer los recursos para dar a otros, con la promesa de  que quien siembra no tendrá escasez, más por el contrario, la provisión se multiplicará y los frutos de esa generosidad van a ser aumentados.  Dios no se queda con nada, pero esta generosidad no debe ser por interés de recibir algo a cambio ni de la gente ni del Señor sino con alegría porque Dios ama al dador alegre.  El poder ayudar a otros debe llenarle de regocijo, porque sabe que está sembrando en el reino de Dios, lamentablemente hay quienes en la actualidad enseñan a los creyentes a pactar  para recibir el favor o un milagro de parte de Dios.  Nada más apartado de la verdad que enseña Jesucristo en su Palabra.  Nadie debe dar por necesidad de recibir algo a cambio, sino por la satisfacción de ayudar al prójimo o a la obra de Dios.