Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Daniel 3:17

 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro para que sea adorada por todos los habitantes del Imperio de  Babilonia y también había anunciado    que cualquiera que no se postrara y adorara a la estatua sería echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Sadrac, Mesac y Abed-nego eran judíos y adoraban al Dios de Israel, Jehová de los Ejércitos, por eso habían decidido no obedecer esa orden que iba en contra de los mandatos de Dios el cual era  adorar a Dios por sobre todas las cosas.  De esta manera cuando los tres muchachos fueron interrogados por Nabucodonosor ellos le contestaron que el Dios al cual ellos adoraban tenía poder suficiente para librarlos del horno de fuego y de su mandato, pues ellos confiaban en el poder de su Dios.  En la actualidad  qué es lo que usted está adorando que ocupa el lugar que solo a Dios le corresponde.  Qué está dispuesto a dejar con tal de no contaminarse.  Si en su corazón decide al igual que los tres judíos apartarse de toda idolatría que lo aparte de Dios tenga la seguridad que el Señor lo librará de toda tentación y de todo peligro, pues cuando pase por las aguas Él estará con usted, si pasare por los ríos estos no lo cubrirán, y cuando pase por el fuego éste no le quemará. Confíe en el Señor quien va a galardonar las intenciones de su corazón de vivir en santidad delante de Él.