Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Miriam Florencia/Guayaquil

 

Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Hechos 10:15

Pedro estaba descansando y tuvo una visión donde vio un lienzo que bajaba del cielo con toda clase de animales cuadrúpedos y una voz del cielo le decía levántate, mata y come. Pedro era un judío ortodoxo y respetaba la ley judía. Ellos no podían comer animales inmundos, y en ese lienzo había toda clase de animales, por esa razón se resistía a obedecer, aunque era el mismo Señor que se lo ordenaba. Lo que no entendía Pedro es que estos animales representaban al mundo gentil, representaba cada persona que necesita recibir el mensaje de salvación para llegar a Cristo, por eso Jesús le dice lo que Dios limpió no lo llames tú inmundo. Cuantas veces el pueblo de Dios es juzgado por sus actos por las personas que al igual que Pedro son legalistas, se ciñen a la ley y no viven en la dispensación de la gracia, juzgan toda cosa por insignificante que sea y se atreven incluso a dudar de la salvación de esa persona. Hoy el Señor les dice lo mismo: No llamen inmundo a quien ha sido lavado con la sangre del cordero. Toda persona necesita recibir el mensaje de salvación, no importa cuál sea la clase de vida que haya llevado, solo necesita arrepentirse y dejar que el Espíritu Santo de Dios haga su obra, que es la regeneración del alma, y que la sangre del cordero lo limpie y lo purifique.