Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Miriam Florencia/Guayaquil.

 

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Salmo 42:1-2

Cuando un ciervo o venado corre largos caminos ya sea por las altas temperaturas, se encuentre escapando de sus depredadores, o cualquier otro motivo, emite un sonido muy fuerte debido a la sed y a la desesperación. Su instinto natural es buscar corrientes de agua para poderse sumergir en ellas y calmar su sed. Su cuerpo lo necesita para seguir viviendo, porque sin ella su vida corre peligro. Esto es lo que expresaba el autor del salmo. Se encontraba lejos de Jerusalén, no podía ir al templo a adorar a Dios, y sentía una gran necesidad de estar delante de la presencia de Dios, necesitaba desesperadamente saciar su sed, ese vacío que tenía su alma. Muchas personas tienen que lidiar con vacíos en su vida, los tratan de llenar con dinero, trabajo, relaciones personales, éxito, pero al final se dan cuenta que nada de esto los llena, solo la presencia de Dios en la vida de una persona lo hará sentir bien, saciado, sin sed, porque el Señor es fuente de agua viva que quita la sed de aquellos que tienen necesidad en su alma. El agua que el Señor ofrece, no le hará sentir sed jamás, porque es agua que trae paz y vida eterna.