Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Miriam Florencia/Guayaquil.

 

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Salmo 46:1-3

No hay lugar en el mundo donde uno pueda esconderse de la furia de la naturaleza. Actualmente, una serie de sismos mantienen a la población de algunos lugares del mundo con pánico. A pesar de esto, debemos estar confiados en la protección de Dios, porque Él es nuestro amparo y fortaleza, y nuestro pronto auxilio, por lo tanto, aunque la tierra tiemble fuertemente, haya tsunamis atacando las costas, su corazón debe estar confiado en la ayuda y protección de Dios. Esto se da si usted tiene puesta su confianza en Dios. Personas que han sobrevivido de desastres naturales pueden dar testimonio de la ayuda y protección que han tenido por parte de Dios en estos momentos de desesperación. Usted también puede gozar de su amparo, si decide vivir quieta y reposadamente delante de su presencia, haciendo su voluntad, y creyendo cada una de sus promesas.