NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA
Miriam Florencia/Guayaquil
Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:49-52
Bartimeo, aunque no podía ver, conocía al Señor Jesús, había escuchado de Él, de los milagros que hacía, y sabía en su corazón que solo Jesús le podía devolver lo que tanto anhelaba, la vista. Fue esa fe de Bartimeo, la que movió el corazón de Jesús y enseguida recibió su milagro pero lo más grande que recibió Bartimeo fue la salvación. Jesús le dijo –vete, tu fe te ha salvado- Hoy en día, al igual que en aquellos tiempos, hay quienes tienen sus ojos en perfectas condiciones, ven bien, sin embargo, mantienen una ceguera espiritual que no los deja avanzar por el camino de la Vida, sino que han decido caminar por el camino de la perdición, por un camino de oscuridad total. Jesús puede dar vista al ciego, y también puede dar luz al que camina en esa oscuridad que no le deja ver y conocer al Señor, al Salvador del mundo, Jesús de Nazaret. El vino a este mundo para dar vista a los ciegos, no solo a los que no ven sino a los ciegos espirituales. Si esta es su condición, hoy es un día perfecto para que pueda hallar la luz que alumbre su camino. Jesús, el Mesías prometido.
