NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA
Miriam Florencia/Guayaquil.
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6
Los niños son como una esponja, ellos aprenden fácilmente, por eso es que desde muy pequeños es necesario enseñarles la Palabra de Dios, sus mandamientos, sus preceptos. Así como aprenden a leer y escribir y nunca se olvidan de ello, enseñarles quién es Dios, su amor eterno por la humanidad, y lo que ha hecho en su vida, debe ser una función especial en la crianza de los hijos. Moisés instó claramente al pueblo de Israel acerca de esto, pues les dijo, refiriéndose a la Palabra de Dios, que debían repetirla a sus hijos y hablarles acerca de Dios en todo momento y en todo lugar, pues los niños deben saber que hay un Dios Todopoderoso, creador de todas la cosas, pero sobre todo que Él es el Padre Eterno. Muchas veces se cae en el error de pensar que los niños son salvos por el hecho de ser niños, pues la verdad es que ellos también necesitan de la salvación en Cristo Jesús, pues cuando vino el juicio sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra a causa de su maldad, la Palabra dice que “todos” fueron destruidos, de allí la importancia de instruir a los niños en el conocimiento de Dios para que la Palabra quede sembrada en ellos y comience a dar fruto a medida que vayan creciendo, pues Salomón en este proverbio dice que esta palabra aprendida de niño, no será olvidada aun cuando fuere viejo.
