Opinión

NUESTRA REFLEXION DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado. Salmo 16:5-6

Cuando los israelitas entraron en la Tierra Prometida, ésta fue entregada a cada tribu en partes y para su repartición se utilizaban las cuerdas de agrimensor que tenían cordones anudados con la cuales medían las dimensiones a destinarse a cada tribu. Para el salmista la heredad que le fue dada es Jehová, el Señor, Él constituye esa porción de su herencia, esa cuerda con la cual debía ser medida su porción cayó sobre él como algo deleitoso, precioso, de gran estima. Todo hijo de Dios debe saber que su porción, que su heredad está en el cielo, que la tierra constituye solamente un lugar por donde se debe pasar antes de disfrutar de la herencia eterna, ese lugar que está preparado para todos los que han puesto su fe en Jesucristo. El cielo constituye la morada eterna del hijo de Dios, ese lugar de descanso, de reposo y de gozo al lado de Dios, por eso nada puede ser más hermoso que este lugar destinado para todos los que aman al Señor.