Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ GUAYAQUIL

 

Gócense y alégrense en Ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios. Salmo 70:4

Alegrarse delante de la presencia de Dios debe ser una actitud de toda persona que lo busca porque lo ama, porque tienen un corazón agradecido por haber recibido un regalo tan grande como es la salvación a través de la muerte redentora de Jesucristo en la cruz del Calvario, pero el Señor no solo le ha dado la salvación de la muerte eterna, sino que también le ha salvado de muchas situaciones peligrosas y del efecto nocivo de los enemigos que en todo momento desean su mal.  Engrandecer el nombre de Dios, alabarlo es la manera más sublime que se pueda tener como muestra de agradecimiento hacia Él, agradecerle por todo lo que ha hecho, y seguirá haciendo en la vida de todo creyente.  La alegría y el gozo son dos cosas diferentes, aunque muchos los consideran sinónimos, pues el gozo es aquello que se siente desde el interior del ser aunque haya adversidad, es esa actitud de tener paz que proviene de lo alto a pesar de todo mientras que la felicidad es producto de experimentar alegría por algo que es bueno para uno.  Por eso los que aman la salvación de Dios no pueden dejar de expresar su gozo y alegría exclamando “engrandecido sea Dios”.