Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Miriam Florencia/Guayaquil

 

Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos y se fue. Y la nube se apartó del Tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Números 12:9-10

Aarón y María eran los hermanos de Moisés, líder que había levantado el Señor para guiar al pueblo de Israel a la tierra prometida, pero en este largo caminar por el desierto tuvo mucho oposición no solo del pueblo judío sino también de sus propios hermanos, quienes comenzaron a murmurar en contra de él, lo que provocó la ira de Jehová y por esta razón María se volvió leprosa, enfermedad que era considerada inmunda y las personas que la padecían debían ser apartadas de la ciudad para que nadie se contaminase. El pecado de la murmuración es grave, porque daña la imagen y buen nombre de la persona de quien se murmura, en este caso, María, murmuraba en contra de su hermano, porque sentía envidia de que Dios solamente hablaba al pueblo a través de Moisés. El pecado de María nos debe llevar a reflexionar cuán malo es delante de los ojos de Dios criticar y murmurar en contra de alguien, más si se trata de un líder escogido por Dios, pues esta mala costumbre que muchos la practican en forma diaria, provoca la ira de un Dios Santo que no admite el pecado, peor aún aquellos que se llevan a cabo a espaldas de la víctima y cuya intención es dividir y desacreditar, pues estas actitudes son propias de las personas que se dejan llevar por el mal, pues el que acusa a los escogidos de Dios es Satanás, por esta razón es necesario reflexionar sobre el poder destructor que tiene el murmurar, no solo para quien murmura sino para quien es objeto de dicha murmuración.