NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA
Miriam Florencia/Guayaquil
Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Lucas 16:27-28
Esta parábola del rico y Lázaro muestra una clara enseñanza entre el destino eterno de los justos y de los impíos, pues para cada uno le espera un lugar en la eternidad, para los justos el paraíso y para los impíos el lugar de tormento o lago de fuego. Muchos creen que el infierno no existe y que aquí en la tierra se paga la maldad que se haya hecho, pero ese pensamiento no es bíblico, la Palabra de Dios dice claramente que existe un lugar preparado para Satanás y sus seguidores o hacedores de maldad. Cuando este hombre rico, que era insensible ante las necesidades de los pobres murió, experimentó el tormento eterno, porque nunca se preocupó por nadie, su egoísmo y falta de amor por el prójimo lo llevó a ser indiferente ante las necesidades ajenas, por eso al estar en ese lugar, quiso que sus hermanos, que sin duda eran igual a él, cambiaran y no fueran a parar al mismo lugar donde él estaba. Mientras hay vida siempre habrá esperanza de cambiar porque solo Jesús transforma los corazones de las personas, y es la Palabra de Dios la que purifica y transforma vidas, de allí la importancia de buscar a Dios a través del Señor Jesucristo para que pueda experimentar el regalo de la vida eterna.
