Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

 

“Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos”  Eclesiastés 4:13

Un rey que no sea sabio no puede ser un buen rey, pues desechará todo consejo pensando que no lo necesita debido a su edad, a su larga trayectoria, a sus conocimientos, a sus títulos honoríficos,  como si la sabiduría y un buen gobierno están en función de la edad.  Aquí el rey Salomón hace una distinción entre el hombre joven y carente de riquezas  y autoridad y aquel que tiene el poder y la autoridad.  La edad y los títulos no le garantizan la aceptación de los demás, pues son necesarias la sabiduría y la prudencia, pues un buen rey o cualquier persona que está en autoridad sobre otra, no gozará del aprecio ni el apoyo de nadie si carece de estas dos virtudes, pero sobre todo humildad para poder aceptar el buen consejo en tiempo oportuno.