Opinión

NUESTRA REFLEXIÓN DIARIA

Pra. Miriam Florencia/ Guayaquil

“A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo”  Isaías 8:13

El Señor Dios le dice al profeta Isaías que escriba la  profecía que le iba a decir de forma que todos la puedan leer para que cuando se cumpla todos sepan que viene de parte de Dios, y esta profecía era que los Asirios iban a atacar  Damasco y Samaria. Esta profecía causó mucho miedo al pueblo por esta razón Jehová de los ejércitos les dice a través del profeta, no teman a los asirios sino sea yo vuestro temor, témanme a mí, porque el temor que sentía el pueblo por los asirios era contagioso y debilitante.  El temor causa paralización y no deja avanzar ni ver la protección de Dios, pues el temor causa desconfianza en el poder y en la protección de Dios hacia su pueblo.  Este temor que se mandaba a tener hacia Dios era un temor santo, reverente, por eso dice el profeta a Él santificad, es decir a Él honrad, a Él glorificad.  El reverenciar a Dios constituye el mejor antídoto ante el temor que pueda ocasionar los enemigos o los que le persiguen para destruirlo, porque solo el descansar en el poder y en la protección de Dios le traerá descanso a su alma y a su mente.