Opinión

NUESTRA ASAMBLEA

Dr. Juan Carlos Faidutti Estrada/Guayaquil

 

Se acaba de instalar la nueva Asamblea Nacional y por lo pronto ha habido ya cambios de camisetas, que demuestra la inconsistencia de los partidos políticos y los elementos que escogen para que los representen en las elecciones. Gran parte de ellos, lo que buscan es acomodarse personalmente u obtener el mayor beneficio posible.

Han quedado una gran cantidad de proyectos de ley sin aprobarse, y vendrán los nuevos que presenten los actuales legisladores. Si se tuviera la paciencia de leer semejantes tonterías, tendríamos que llegar a la conclusión que es mejor que no se reúna la Asamblea. Los lectores se habrán dado cuenta de la enorme cantidad de burócratas quienes están al servicio de los asambleístas. Basta compararlo con Congresos anteriores a que se expida la presente Constitución. El asambleísta tiene que contratar asesores, secretarias y un sinnúmero de funcionarios más, lo que determina que no está capacitado para actuar por sí solos.

Me correspondió ser diputado, en la época que presidia el Congreso y el Senado el Dr. Illingworth, y la Cámara de Diputados el Dr. Raúl Clemente Huerta. Los legisladores, para realizar nuestras labores ocupábamos una pequeña oficina con una secretaria. Se sesionaba dos veces al año, dos meses cada período y se mantenía una Comisión Legislativa Permanente durante el año, compuesta de 9 miembros, los que podían dictar leyes que no signifiquen impuestos o cargas fiscales.

Este artículo lo escribo molesto por leer que se quiere presentar un proyecto de ley sobre la menstruación. ¿Creerá el autor que va a conquistar el voto femenino si se aprueba este proyecto?

Temo que, en estas circunstancias, un presidente como don Guillermo Lasso debe de sentir un enorme desaliento por no poder llevar a la realidad todo el programa económico, de salud y educacional que tiene preparado, si es que deben de pasar por la Asamblea. Nuestro consejo es que el Gobierno por decreto y que se deje que la Asamblea siga por su lado, cambiándose de camisetas porque ese juego todavía sigue para largo.